La oferta gastronómica especializada en carne sigue creciendo en Bogotá, especialmente en zonas de alta concentración de restaurantes como la Zona G. En este sector, donde confluyen ejecutivos, turistas y público local, los establecimientos tipo steakhouse han ganado terreno al apostar por experiencias culinarias visibles y productos de alta calidad.
En ese contexto abrió Factory Steak & Lobster, un restaurante ubicado dentro del hotel JW Marriott Bogotá, que busca posicionarse dentro del segmento de parrillas premium de la ciudad. A diferencia de muchos espacios gastronómicos en hoteles, este establecimiento está disponible tanto para huéspedes como para visitantes externos, por lo que cualquier persona puede acceder sin necesidad de estar alojada en el lugar.
El concepto del restaurante se centra en una cocina abierta, que permite a los comensales observar directamente el proceso de preparación de los platos. Allí, los cortes de carne se cocinan en parrilla de carbón y en horno Josper, un equipo utilizado en restaurantes especializados por su capacidad para concentrar altas temperaturas y controlar con precisión el punto de cocción.
La carta tiene como eje principal carne Angus Prime certificada importada, conocida por su alto nivel de marmoleo, es decir, la grasa infiltrada en la fibra que ayuda a conservar la jugosidad durante la cocción. A la propuesta de parrilla se suman también opciones del mar, entre ellas langosta, lo que da paso al concepto gastronómico conocido como “surf & turf”, que combina carne y mariscos en un mismo plato.
El restaurante también incorpora una cava con más de 200 etiquetas de vino, pensadas para acompañar tanto los cortes de carne como los platos de mariscos.
La apertura de este espacio responde a una tendencia cada vez más visible en el sector hotelero de la ciudad: fortalecer la oferta gastronómica como una unidad de negocio independiente. Con ello, los hoteles buscan atraer público local y consolidarse dentro del circuito culinario urbano, más allá del servicio tradicional de alojamiento.
En zonas como la Zona G, donde la competencia gastronómica es alta, la apuesta de los hoteles no solo se centra en hospedar visitantes, sino también en ofrecer conceptos culinarios con identidad propia que puedan integrarse a la dinámica de restaurantes de la ciudad.