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Promesa de la Virgen del Carmen a todo que lleve su escapulario; "salva" del fuego eterno

Descubre el origen medieval de esta devoción mariana y las condiciones necesarias para recibir la protección de la "Madre de las gracias" según la tradición de la Orden Carmelita.

Estatua de la Virgen del Carmen con el Niño Jesús en un altar, sosteniendo el escapulario marrón que simboliza la promesa de salvación del fuego eterno.
"El que muera vestido con este Escapulario no sufrirá el fuego eterno". Conoce la histórica promesa de la Virgen del Carmen a sus devotos.
Foto: Creada con Gemini

Si alguna vez has visto a alguien llevando un pequeño cuadrado de tela marrón colgando del cuello, te has encontrado con una de las devociones más antiguas y extendidas de la Iglesia Católica: el Escapulario del Carmen.

Con motivo de su festividad cada 16 de julio, es fundamental que conozcas qué hay detrás de este objeto y por qué se le atribuyen promesas tan extraordinarias.

Puedes leer:Oración a la Virgen del Carmen: patrona de los conductores y protectora de sus vehículos

¿Qué le prometió la Virgen del Carmen a San Simón Stock?

Para entender esta historia, tienes que viajar en el tiempo hasta el año 1251, concretamente a Londres. Según las fuentes históricas, la Santísima Virgen, rodeada de ángeles, se le apareció a San Simón Stock, quien pertenecía a la Orden Carmelita.

En ese encuentro, ella le entregó el Escapulario como una señal de su "confraternidad" y protección especial para su Orden.

La promesa principal que la Virgen le hizo a San Simón Stock fue impactante: "todo el que muera con él se librará del fuego eterno".

La Virgen definió este objeto como una señal de salvación, una alianza de paz y un pacto sempiterno para quienes lo portaran con devoción. No se trata de un amuleto, sino de un privilegio que vincula al fiel con la protección maternal de María.

Además de esta protección inicial, existe lo que se conoce como el Privilegio Sabatino. Este fue confirmado más tarde por la autoridad del Papa Juan XXII.

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Según este privilegio, la Virgen María, como "Madre de las gracias", prometió bajar al Purgatorio el sábado siguiente a la muerte de quienes porten el escapulario para liberarlos y llevarlos al "monte santo de la vida eterna".

Puedes leer: Novena a la Virgen del Carmen para casos urgentes y desesperados; cómo pedir un milagro

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¿Cuáles son los requisitos para beneficiarse de las promesas del escapulario?

Si te interesa recibir estas promesas, debes saber que la Iglesia establece condiciones muy claras. No basta con comprar el objeto y ponérselo; existen tres requisitos fundamentales que debes cumplir para beneficiarte de la promesa del Privilegio Sabatino y la salvación:

  1. Imposición y uso habitual: El escapulario debe ser impuesto por un sacerdote que tenga la facultad para hacerlo. Es un rito que solo necesitas realizar una vez en la vida, pero a partir de ese momento, debes llevar el escapulario puesto de manera habitual.
  2. Vivir la castidad: Debes guardar la castidad según el estado de vida que tengas (ya sea soltero, casado o consagrado).
  3. Oración diaria: Es necesario rezar tres Avemarías cada día como parte de tu compromiso con esta devoción.

La historia del escapulario no se queda solo en documentos antiguos; existen relatos que muestran su impacto en momentos críticos. Uno de los más llamativos fue narrado por el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, quien fue testigo de un hecho sorprendente en junio de 1938, en Vinaroz.

Durante la posguerra, el entonces joven sacerdote tuvo que asistir espiritualmente a diez condenados a muerte. Entre ellos se encontraba un hombre de unos sesenta años, culto y de formación cristiana, que aseguraba haber perdido la fe y se negaba rotundamente a confesarse.

Tras varios intentos fallidos por convencerlo, el sacerdote le pidió un único favor: permitir que le impusiera el Santo Escapulario. El hombre aceptó simplemente por complacer al cura, afirmando que "a mí no me dicen nada estas cosas".

Sin embargo, a los cinco minutos de tener el escapulario puesto, el hombre rompió en sollozos y gritó: "¡Quiero confesarme, quiero confesarme! No merezco esta gracia de Dios. La Virgen me ha salvado".

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El hombre se confesó con una contrición extraordinaria ante el asombro de los presentes y murió agradecido por el "bien inmenso" recibido antes de su ejecución.