Cuando atraviesas el dolor de perder a un ser cercano bajo circunstancias trágicas, es muy común que te surjan interrogantes profundos sobre cuál es el destino de su alma.
La tanatóloga Esperanza Cruz aclara que en la sociedad existen rumores y falsos mitos que afirman que existe una condena o pena espiritual para las personas que toman la decisión de desvivirse.
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Sin embargo, la especialista enfatiza que para comprender este tema es fundamental analizar el estado de salud mental con el que vivía la persona.
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La mayoría de las personas que toman la determinación de quitarse la vida no lo hacen por un capricho o berrinche, sino porque están atravesando una enfermedad llamada depresión.
Cuando la depresión se profundiza, las ideas suicidas se presentan debido a que el sentido de vida de la persona se vuelve extremadamente bajo.
Además, los datos revelan una cifra muy impactante: el 90% de las personas que se quitan la vida son hombres.
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Esto ocurre porque el hombre suele tener más fuerza y decisión para llevar a cabo la acción, motivo por el cual el trabajo preventivo en salud mental masculina resulta de vital importancia en la actualidad.
¿Qué le ocurre al alma de una persona que decide quitarse la vida?
En el plano espiritual y de la tanatología, el alma de una persona que fallece por suicidio no queda atrapada ni condenada al sufrimiento eterno por el simple hecho de haber tomado esa decisión bajo el efecto de una enfermedad.
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Esperanza Cruz aclara que, cuando una persona actúa bajo una crisis severa o un sentido de vida apagado, el alma recibe un tratamiento y un recibimiento especial en el plano celestial.
El proceso espiritual reconoce que el individuo estaba atravesando un cuadro patológico. Por lo tanto, no se juzga la acción como un acto de maldad o falta de fe, sino como la consecuencia de un padecimiento severo que sobrepasó la capacidad de contención de la persona.
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¿Cómo se compara el suicidio con una enfermedad física según la tanatología?
Para comprender mejor cómo son recibidas estas almas en el cielo, la tanatóloga establece una comparación directa entre el suicidio y una enfermedad física como la diabetes.
En la sociedad es habitual que cuando alguien fallece a causa de la diabetes, las personas expresen compasión diciendo "pobrecito, que Dios lo tenga en su gloria".
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Sin embargo, si se analiza con detalle, en muchos casos el paciente diabético consumía alcohol continuamente o descuidaba su salud, provocándose un daño de forma paulatina o "gota a gota".
Ambos casos corresponden a afecciones donde la persona deteriora su estado de salud. La diferencia radica en que el paciente diabético destruye su cuerpo progresivamente, mientras que la persona con depresión toma una decisión drástica e inmediata debido al dolor abrumador que padece.
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Desde la visión de la tanatología expuesta por Esperanza Cruz, no existe un Dios punitivo que castigue a un ser humano por haber estado enfermo.
Estar enfermo no representa un castigo divino, sino un reto o lección en la tierra. Por ello, quien se quita la vida a causa de la depresión es recibido en el cielo con la misma compasión y misericordia que alguien que fallece por cualquier otra enfermedad física.
Si te encuentras atravesando un proceso de duelo por esta causa, debes comprender que el juzgamiento social no refleja la realidad espiritual.
La ayuda profesional con psicólogos y tanatólogos es una herramienta clave para procesar estas pérdidas sin cargar con culpas ni estigmas infundados.
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Mira la entrevista completa aquí:
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