A veces pensamos que por ser plástico, todo va directo a la bolsa del reciclaje, pero la realidad es otra. En su paso por El Klub de La Kalle, Marce la recicladora alertó sobre un "enemigo número uno" que pasa desapercibido en nuestras compras diarias: los empaques de galletas y snacks.
Marce fue muy específica al describir este material: se trata de esos plásticos que "chirrean" cuando los tocas.
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La razón por la que son tan peligrosos es que, en la mayoría de los casos, los recicladores no se los llevan porque no tienen un mercado de comercialización fácil, lo que los condena a terminar en un relleno sanitario. Una vez allí, pueden tardar más de 500 años en biodegradarse.
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¿Por qué el plástico de las galletas no se recicla de forma convencional?
Según explicó Marce en la entrevista, estos empaques pertenecen a una categoría de plásticos que casi ningún "reciclamor" recoge de la calle.
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Al no tener valor comercial inmediato para ellos, el material se queda en la basura común. Esto genera un problema acumulativo enorme, ya que son productos de consumo masivo que generamos a diario.
¿Cómo hacer una "botellita de amor" paso a paso?
Para combatir este problema, Marce propuso una solución práctica: la botellita de amor. Consiste en tomar una botella de plástico grande y llenarla con todos esos plásticos que el reciclador no se lleva, como los empaques de galletas, paquetes de papas o sachets.
- Toma una botella limpia.
- Introduce los plásticos chirriantes.
- Comprímelos con un palo hasta que la botella esté tan llena que no le quepa nada más.
Marce reveló que estos envases llenos se entregan en puntos de recolección específicos donde se procesan para convertirlos en madera plástica.
Este material es tan resistente que se utiliza para construir casas. De hecho, Marce mencionó que las viviendas fabricadas con madera plástica en las zonas afectadas por el reciente terremoto en Colombia no sufrieron daños, demostrando ser un material de construcción excepcional.
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Separar estos plásticos no solo libera espacio en los rellenos sanitarios, sino que literalmente construye techos para quienes lo necesitan.
La próxima vez que termines un paquete de galletas, recuerda que ese envoltorio puede ser parte de una casa si decides darle el manejo correcto.
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