Cuando Miriam Lancaster, una anciana de 84 años, llegó al Hospital General de Vancouver con un intenso dolor de espalda, nunca imaginó la oferta que recibiría: asistencia médica para morir, conocida en Canadá como MAID.
El momento quedó marcado como una experiencia que generó indignación y debate sobre cómo se trata a los adultos mayores en el sistema de salud canadiense.
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Según contó Lancaster en entrevista con EWTN News Nightly, todo comenzó apenas bajó de la ambulancia y la trasladaron a la sala de emergencias.
“La primera persona que recuerdo que vino a hablar conmigo fue una joven doctora. Y aquí es donde empieza la historia”, relató. Lo primero que le dijo fue: “Me gustaría ofrecerle la asistencia médica para morir (MAID)”.
La anciana no dudó en responder: “No, gracias”. Según contó, estaba impactada y confundida: “Ayer me sentía bien. Me levanté esta mañana y de repente no me siento bien. Tengo un dolor terrible. Necesito saber qué me lo causa. Por favor, no hablemos del final de la vida”.
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Miriam recordó que tres años antes, a su esposo le habían ofrecido la misma opción, pero él también la rechazó. “Como católicos practicantes, jamás tomaríamos medidas para acabar con nuestra vida. Eso está en manos del Señor”, agregó.
Posteriormente, Lancaster fue trasladada al Hospital de la UBC, donde finalmente se confirmó que tenía una pequeña fisura en el sacro, un hueso en la base de la columna.
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No era necesario cirugía, pero sí reposo y ejercicios durante varias semanas. “Cuando volví a casa, pensé: ‘Me han dado una segunda oportunidad. Voy a aprovechar al máximo el tiempo que me queda’”, afirmó.
No es la primera vez que ofrecen eutanasia a adultos mayores
Amanda Achtman, especialista en bioética y defensora de los derechos de los adultos mayores, explicó que la oferta de la MAID “destruye la autoestima de una persona”. Según ella, “la historia de Miriam ha motivado a otros adultos mayores a compartir experiencias similares”.
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Achtman resaltó que en Canadá, actualmente, 1 de cada 20 muertes ocurre por asistencia médica para morir, y que este tipo de ofertas se hace cada vez más frecuente a personas mayores.
“Ahora bien, mencionar la eutanasia no está prohibido en Canadá”, aclaró Achtman. Sin embargo, advirtió que el simple hecho de ofrecer la opción ya supone un impacto emocional y psicológico sobre la persona: “Mina su sentido de valía personal y autoestima”, explicó.
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