La muerte no impacta a todos los seres de la misma manera ni desencadena una secuencia idéntica para cada individuo.
En una reveladora entrevista concedida a El Klub de la Kalle, la tanatóloga y disectora Jennifer Gómez, graduada del Instituto Nacional de Medicina Legal y con más de 20 años de trayectoria manipulando cadáveres, explicó que la transición del espíritu depende de la trayectoria vital de la persona y de la manera exacta en que ocurrió su deceso.
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Desde la perspectiva forense y espiritual que maneja la especialista, el ser humano se compone de cuatro elementos fundamentales: cuerpo, mente, alma y espíritu.
El cuerpo físico es considerado simplemente como un "estuche" o envoltura material que se abandona al momento de fallecer. Sin embargo, el alma y el espíritu no siempre logran apartarse de forma inmediata ni con la misma facilidad.
Durante el diálogo en El Klub de la Kalle, la experta señaló que la trayectoria acumulada durante la existencia terrenal influye de manera directa en el trance posterior.
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No experimenta el mismo proceso una persona que cometió delitos graves o faltas severas contra la humanidad que un individuo dedicado al servicio religioso o un bebé recién nacido, a quienes describe como seres angelicales cuya energía fluye sin resistencia.
Mientras que algunos espíritus comprenden su estado con rapidez y avanzan en su camino, otros se aferran a la materia, muestran una marcada rigidez energética y se niegan a aceptar que su ciclo físico ha terminado.
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El desprendimiento es un procedimiento gradual que se organiza a través de diversas escalas o anillos tras cruzar el umbral terrenal.
En estas etapas, la persona fallecida experimenta primero un desapego de sus posesiones materiales (como su vivienda, vehículo o teléfono móvil), para luego procesar el distanciamiento de sus vínculos afectivos y familiares.
Posteriormente, las almas atraviesan instancias donde examinan sus acciones pasadas, lo que les brinda la oportunidad de perdonar a quienes los dañaron y autoperdonarse antes de someterse al juicio definitivo.
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¿Por qué las personas que se suicidan tienen un paso más lento y complejo en el limbo?
Una de las revelaciones más impactantes hechas en El Klub de la Kalle por la tanatóloga Jennifer Gómez se refiere a lo que ocurre cuando una persona decide "desvivirse" o quitarse la vida de forma voluntaria antes del tiempo que tenía trazado.
Según explicó la profesional con base en los estudios e investigaciones que aplica en su disciplina, la forma violenta o autoimpuesta de morir altera por completo los tiempos naturales del desprendimiento.
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Cuando un individuo tiene una expectativa de vida calculada, por ejemplo, en 60 años, pero decide terminar con su existencia a los 30 años, no avanza de inmediato hacia las etapas superiores de descanso.
En lugar de ello, la especialista afirmó que esa alma debe permanecer los 30 años restantes penando en el limbo o cumpliendo un proceso de purga hasta que se cumpla la totalidad de su tiempo original asignado.
A esta espera prolongada se suma una drástica distorsión en la percepción temporal. Jennifer Gómez enfatizó en El Klub de la Kalle que el tiempo para las entidades que quedan en este estado de transición es extremadamente lento.
Para los espíritus que aguardan en el limbo, la noción de un solo día terrenal equivale aproximadamente a la vivencia de un año entero en su dimensión.
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Esta diferencia abismal convierte la estadía en el limbo en un proceso complejo, denso y pausado, donde el alma debe asimilar la interrupción prematura de su ciclo vital antes de poder completar su evolución final.
Mira la entrevista completa:
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