Es probable que en más de una ocasión te hayas sentido estable en tu rutina —con trabajo, familia y salud al día— y, de repente, en un día cualquiera te invada una intensa crisis existencial.
Te descubres preguntándote si lo que haces diariamente tiene algún significado, si tu trabajo te llena, si tu relación de pareja te nutre y te hace mejor persona, o si realmente estás viviendo la vida que deseas.
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Frente a la duda de si este tipo de pensamientos repentinos son un síntoma de bipolaridad o anomalía, la psicóloga argentina Marina Mammoliti confirmó en el programa El Klub de La Kalle que experimentar crisis existenciales es completamente normal.
Durante la presentación de su libro Frena tu cabeza, la especialista explicó que incluyó un apartado entero dedicado al "territorio existencial", debido a que la ansiedad existencial es una de las consultas más frecuentes que recibe en la práctica clínica diaria.
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Cuestionarse sobre el rumbo de las propias elecciones no significa que tengas un trastorno de personalidad; es una manifestación directa de cómo tu mente intenta procesar la manera en que estás estructurando tu presente y tu futuro.
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¿Por qué las generaciones actuales se hacen más preguntas existenciales que los abuelos?
Para entender por qué los jóvenes y adultos jóvenes atraviesan hoy por más dilemas profundos que las personas de épocas pasadas, Mammoliti señala que existe un cambio de condiciones de vida entre generaciones.
Si analizas la vida de tus abuelos, notarás que ellos difícilmente se hacían preguntas como "¿esta pareja me nutre?" o "¿este empleo satisface mi propósito personal?".
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Esto no ocurría porque fueran más felices o inmunes al sufrimiento, sino porque estaban enteramente ocupados en la supervivencia diaria.
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Su prioridad absoluta se centraba en resolver lo inmediato: lograr llevar la comida a la mesa cada jornada, conseguir abrigo y mantener un techo donde dormir.
En la actualidad, el escenario social para gran parte de la población ha cambiado significativamente:
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- Paso de la supervivencia al bienestar: Las generaciones actuales constituyen la época con la mayor cantidad de necesidades básicas satisfechas (vivienda, alimentación, vestimenta).
- El privilegio de la duda: Al no tener que emplear toda la energía mental en conseguir el alimento diario, la mente humana gana el margen necesario para cuestionarse el bienestar emocional. Se pasa de la mera supervivencia al "¿cómo estoy viviendo?".
- Democratización del pensamiento filosófico: En épocas pasadas, hacerse preguntas sobre el sentido de la existencia era un lujo reservado únicamente a los filósofos, mientras el resto de la población intentaba resolver el día a día. Hoy en día, dudar sobre la felicidad en el trabajo o en la pareja se ha convertido en un fenómeno masivo que afecta a la mayoría de las personas.
Mammoliti concluye que poder cuestionarse el sentido de la vida o la calidad de las relaciones es, en realidad, un lujo generacional que trae consigo la responsabilidad de aprender a gestionar la ansiedad que genera la libertad de elegir.