Tras el reciente terremoto del 10 de agosto en Colombia, de magnitud 7.4 y con epicentro en el Chocó, un concepto ha vuelto a ganar fuerza de forma masiva entre los internautas: el Proyecto HAARP y su relación con terremotos y temblores.
Muchos usuarios buscan respuestas en redes sociales para calmar la incertidumbre. Pero, ¿de dónde sale esta idea y qué dice la ciencia real al respecto?
¿Qué es realmente el Proyecto HAARP?
Las siglas HAARP corresponden al Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia en inglés.
Se trata de una instalación científica ubicada en Alaska, Estados Unidos, que hoy en día es operada por la Universidad de Alaska Fairbanks.
Su único objetivo es estudiar las propiedades de la ionósfera, la capa más alta y externa de la atmósfera terrestre.
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Para lograrlo, el complejo utiliza un enorme conjunto de antenas que envían ondas de radio de alta frecuencia hacia el espacio.
Estas ondas calientan pequeñas zonas de la ionósfera de forma controlada para simular los efectos de la radiación solar y estudiar cómo afectan las telecomunicaciones o los sistemas GPS. Su trabajo es puramente meteorológico, espacial y de comunicaciones aéreas.
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El mito de los "terremotos artificiales"
La teoría de la conspiración asegura que HAARP es un "arma climática o tectónica" capaz de enviar energía destructiva al subsuelo de cualquier país para provocar catástrofes naturales.
Quienes promueven este mito suelen usar videos falsos en plataformas como TikTok o imágenes alteradas con inteligencia artificial para alarmar a la población tras un temblor.
Sin embargo, los científicos explican que es físicamente imposible que un grupo de antenas mueva la tierra.
Las ondas de radio emitidas por el proyecto viajan hacia el espacio exterior, no hacia el interior del planeta. No interactúan con las placas subterráneas ni tienen un mecanismo conocido que pueda romper la roca sólida.
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Lo que dice el Servicio Geológico Colombiano
Frente a los rumores que inundaron las redes tras la emergencia, el Servicio Geológico Colombiano recordó que los terremotos son fenómenos 100% naturales e impredecibles.
El sismo del 10 de agosto se debió a la interacción natural de las placas tectónicas de Nazca y Sudamérica, un proceso geológico normal en una zona con alta actividad sísmica.
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Además, la energía liberada por un sismo real de magnitud de 7.4 equivale a la fuerza de miles de bombas atómicas de forma simultánea.
La tecnología humana, incluyendo a HAARP, no es capaz de generar ni una millonésima parte de esa energía descomunal.
En resumen, relacionar este programa de investigación con el desastre natural es completamente falso; la Tierra se mueve por sus propias fuerzas internas.