Ana del Castillo, en su paso por el programa "The Juanpis Live Show", conducido por Juanpis González, no se guardó absolutamente nada. Entre risas, tragos de tequila y anécdotas de su polémica vida, se sinceró ante una pregunta bastante picante: ¿alguna vez ha fantaseado con el legendario Diomedes Díaz?
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La respuesta de la artista desmonta por completo los rumores de fantasías adultas pero confirma una tremenda y apasionada obsesión que arrastra desde su niñez por el "Cacique de la Junta".
¿Qué pasó entre Ana del Castillo y Diomedes Díaz?
Durante la entrevista, Juanpis González le lanzó la pregunta directa sobre si alguna vez había fantaseado con Diomedes Díaz, sugiriendo escenarios de corte servicial, como el de ser una asistente que le llevaba un tinto.
Ante la duda de si sus pensamientos con el fallecido cantante iban más allá, Ana del Castillo fue clara y contundente al aclarar la línea de tiempo: Diomedes Díaz falleció cuando ella apenas tenía 13 años.
Sin embargo, lo que sí confesó la artista es que vivió un amor platónico sumamente intenso durante su infancia. "Yo desde los 9 años le hacía cartas a Diomedes", reveló Ana con total espontaneidad.
La cantante detalló que iba hasta la casa del ídolo vallenato y tiraba las cartas a través de la reja del portón. "Yo nunca supe si él la leyó, la verdad, pero yo amaba a Diomedes Díaz".
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Esta particular correspondencia unilateral ocurrió especialmente entre sus 9 y 12 años, coincidiendo con la época en que el cantante se había separado de Patricia Acosta.
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"Yo estaba enamorada de él, peladita. Siempre estuve enamorada de su música, de su personalidad, de lo que era todo el complemento", admitió Ana.
Para ella, aunque otros pudieran cantar mejor que él, Diomedes Díaz era único gracias a su gracia, su carisma y su personalidad arrolladora.
Además, recordó con profunda admiración el estilo inconfundible del artista, quien a pleno mediodía se ponía botas mexicanas, camisas de lentejuelas y detalles de chifón.
Muestra de esta enorme admiración es que la artista lleva un tatuaje de Diomedes grabado en su canilla.
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¿Cómo logró Ana del Castillo el éxito en el vallenato a pesar de las dificultades?
La historia de Ana del Castillo está repleta de momentos sumamente duros que ella misma relató en el show con su característico sentido del humor.
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Aunque hoy es reconocida como la primera mujer en llenar el Parque de la Leyenda Vallenata a los 23 años, sus comienzos a los 13 años fueron extremadamente complejos.
Hija de un médico cirujano de 86 años que nunca dice palabras obscenas y de una madre educadora, Ana decidió abandonar su hogar a los 13 años para perseguir la música vallenata.
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En esa época, para poder trabajar en bares, mandó a hacer una cédula falsa que le costó 60.000 pesos.
Sin embargo, su madre la descubrió rápidamente apareciéndose en un show con una neverita para demostrar que era menor de edad, arruinándole la presentación.
Antes de consolidarse en una industria que describe como fuertemente rodeada de hombres, Ana empezó desde abajo trabajando como corista.
Pasó por enormes dificultades económicas, al punto de no tener dinero para sus uniformes escolares durante tres años y tener que repetir constantemente las pocas prendas de vestir que poseía.
Para sobrevivir, llegó a vender dulces Jolly Ranger, medias y a trabajar en una tienda de ropa en el centro llamada "Stripties".
Incluso, relató con humor que aprendió a maquillarse y peinarse sola después de que una estilista la dejara con la mitad de la cara sin pintar porque Ana solo tenía 50.000 de los 70.000 pesos que costaba el servicio.
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Hoy en día, Ana del Castillo no solo destaca por su potente voz, sino también por liderar su propio proyecto de manera organizada y formal.
A diferencia de las malas experiencias que tuvo con antiguos mánagers que le robaron dinero, ahora cuenta con una oficina propia y tiene contratados formalmente a sus músicos con todas las de la ley, pagándoles quincenalmente un sueldo mínimo sin importar si hay presentaciones programadas o no.
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Una muestra clara de que su arrolladora personalidad camina de la mano con una estricta disciplina laboral.