Rolando Ochoa, conocido en el mundo del vallenato como R8, abrió su corazón en los micrófonos de El Klub de La Kalle para narrar uno de los episodios más oscuros de su historia personal, el secuestro que sufrió a manos de la guerrilla en el año 2000.
Rolando Ochoa relató que todo ocurrió en las lomas de Líbano, Tolima, mientras viajaba para cumplir un compromiso artístico. Según relató, fue interceptado en el camino y obligado a abandonar el vehículo en el que se transportaba.
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El acordeonero permaneció secuestrado durante 18 días, tiempo en el que enfrentó difíciles condiciones de supervivencia en zonas de páramo, donde dormía en refugios improvisados elaborados con helechos y bolsas plásticas.
Asimismo, recordó la exigencia física del cautiverio, señalando que "las caminatas eran horribles". Incluso reflexionó sobre cómo su fe fue su único sostén en un entorno hostil: "Si uno acá ora... eso allá era: 'Dios mío, sácanos de esto'".
Por otro lado, mencionó que uno de los momentos más críticos fue una crisis de sed que le provocó un ataque de pánico: "Entré en un pánico: 'Dios mío, tengo sed' y comencé como a hacer escándalo", relató, explicando que solo pudo calmarse tras recibir un poco de café frío que enterró en la tierra para conservar la temperatura.
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¿Qué secuelas le quedaron a Rolando Ochoa tras su secuestro?
La liberación de Rolando Ochoa se dio gracias a una comisión humanitaria y la intervención de la Iglesia. El artista describió la mezcla de terror y alivio al ver a los delegados: "Yo nunca había agarrado tan fuerte la sotana de un padre... yo le decía: 'Padre, usted de aquí no nos deje... llévenos de aquí'".
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Sin embargo, el fin del cautiverio no significó el fin del sufrimiento. El músico confesó que el regreso a la normalidad fue un proceso lento debido a está experiencia. "Quedó uno con un trauma que cada vez que paraba el bus yo decía: '¿Qué pasó? ¿Qué pasó?'".
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De igual forma, Ochoa admitió que durante mucho tiempo todas las carreteras del país le daban mucho miedo, una secuela que tardó años en superar.
A pesar del dolor, Rolando Ochoa aseguró que esta experiencia transformó su visión del mundo, enseñándole a no dar nada por sentado. "Ahí aprendí a valorar el agua... yo era de los que abría la pluma y botaba el agua", reflexionó.
Finalmente, el acordeonero aprovechó el espacio para hacer una invitación a todas las personas, a disfrutar de las cosas simples: "Disfruta la naturaleza... disfruta un árbol, disfruta la brisa... porque eso, en realidad, muchos no lo pueden hacer".
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