Cien millones de pesos. Esa es la asombrosa cifra que habría aterrizado en los bolsillos del ídolo vallenato Nelson Velásquez por una presentación que no estaba en los planes de nadie, excepto de quienes habitan el patio 1 de la cárcel La Paz de Itagüí.
Mientras el país se pregunta cómo entró una tarima vallenata a un centro penitenciario sin que nadie se diera cuenta, los detalles financieros empiezan a salir a la luz, dejando a más de uno con la boca abierta por las dimensiones del festejo.
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La revelación del pago millonario vino por parte de la concejal de Medellín, Claudia Carrasquilla, quien en una charla radial soltó la bomba informativa: Velásquez no fue a cantar por amor al arte ni obligado por las circunstancias.
Según la funcionaria, el intérprete de "Entrégame tu amor" habría pactado directamente con uno de los líderes que se encuentran en el penal para ofrecer un espectáculo privado que incluyó sonrisas y mucha música.
Pero Nelson no estuvo solo en esta aventura monetaria; se dice que Luis Alfonso Posada, quien lo acompañaba, también se llevó su buena tajada, recibiendo unos 50 millones de pesos adicionales por su participación en la jornada.
Si sacamos la calculadora, la fiesta no fue nada barata. Entre los pagos a los artistas, el servicio de catering y el ingreso de diversas bebidas para los asistentes, la cuenta total de la "parrandita" habría ascendido a los 500 millones de pesos.
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Una logística de lujo que, según las denuncias, permitió que los residentes del lugar se sintieran más en un hotel de cinco estrellas que en un centro de reclusión de máxima seguridad.
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Desde el rincón de Nelson Velásquez, su mánager Álex Eduardo Díaz ha tratado de bajarle la temperatura al escándalo. Su versión es sencilla: ellos simplemente fueron a trabajar.
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Díaz asegura que los contactó un intermediario llamado 'Carlos', un joven que ya los había contratado para otros eventos anteriormente y que no se encuentra privado de la libertad.
Según el representante, el equipo del cantante no se dedica a investigar los antecedentes de quienes los contratan, pues actúan como lo harían con cualquier discoteca o evento privado.
"No somos investigadores", enfatizó Díaz para explicar por qué no cuestionaron el origen del dinero o la naturaleza del lugar.
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Sobre lo que pasó dentro de los muros, el mánager aclaró que no fue un concierto de horas, sino una intervención relámpago de apenas 3 a 5 canciones. Lo más curioso de todo es cómo lograron meter los equipos de sonido.
Al parecer, aprovecharon que los miércoles son días de visita para entrar como ciudadanos comunes y corrientes, cargando bafles y micrófonos a la vista de todos sin que nadie les pusiera un pero en la entrada.
Sin embargo, para el Inpec, la situación no tiene nada de melodiosa. La entidad fue enfática al decir que ese evento jamás contó con el visto bueno del Ministerio de Justicia ni de la Dirección General.
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Las consecuencias fueron inmediatas: el director encargado del penal fue removido, se trasladó al comandante de vigilancia y siete funcionarios están ahora bajo la lupa de una investigación formal por permitir que la música vallenata sonara con tanta fuerza y con un costo tan elevado sin dejar rastro oficial.
Lo que para unos fue una tarde de éxito y buen pago, para otros se convirtió en el inicio de un fuerte dolor de cabeza administrativo.
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