En las inmediaciones del Jardín Botánico de Bogotá, el amanecer del 12 de diciembre de 2025 trajo consigo una escena que parecía sacada de un guion de ficción, pero que la realidad técnica se encargaría de desmentir paso a paso.
Un vehículo impactado contra un árbol sobre un separador vial en el barrio Bosque Popular despertó las alarmas de los organismos de socorro, quienes encontraron a Karen López y a su pequeño de diez meses sin signos vitales, mientras Hugo Fernando Silva Soto, expareja de la mujer, permanecía aparentemente inconsciente.
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Lo que Silva Soto relató inicialmente fue una historia de una lección de conducción que terminó mal, asegurando que Karen perdió el control mientras él sostenía al bebé en brazos.
Sin embargo, los investigadores José Luis Higuera y Yeison Novoa, quienes compartieron detalles en el espacio 'Más allá del silencio', empezaron a notar piezas que simplemente no encajaban en ese rompecabezas.
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Higuera, coordinador de la Unidad Investigativa de Tránsito, reveló que el señalado sostuvo que había pasado el día anterior con el niño y que incluso lo había devuelto a casa de la abuela, una versión que la madre de Karen desmintió tajantemente, pues ella asegura que él nunca llegó con el menor esa noche.
La física del lugar fue el primer gran obstáculo para la versión oficial del procesado.
Al inspeccionar la cabina, los peritos notaron que la posición del asiento del piloto estaba configurada para una persona de gran estatura, lo que hacía físicamente imposible que Karen, dadas sus dimensiones, alcanzara los pedales o pudiera maniobrar el volante de manera efectiva.
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Pero el hallazgo más sorprendente lo aportó el investigador Novoa: la teoría técnica indica que Silva Soto habría reclinado el asiento hacia atrás, colocado a Karen ya sin vida en el lugar del conductor y luego se habría sentado encima de ella para conducir el auto hasta el punto del impacto, simulando así que ella iba al mando.
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La ciencia forense terminó de derribar la coartada. Los exámenes médicos revelaron que Karen presentaba una lesión profunda en el cuello, específicamente en la arteria carótida, que ocurrió antes del choque contra el árbol, descartando que fuera producto de alguna esquirla del vidrio.
Por su parte, el pequeño presentaba señales de haber sido agitado violentamente antes del siniestro vial.
Además, el uso de luminol dentro del habitáculo mostró que alguien había intentado realizar una limpieza minuciosa, pues se hallaron rastros de sangre en la palanca de cambios, el techo, el descansabrazos e incluso en el baúl.
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El cronograma de esa noche también dejó dudas razonables. Un mensaje de texto enviado por Karen a las doce de la noche decía:
“Tranquila, ya vamos para allá”, marcando el fin de su contacto digital. Medicina Legal fijó el momento del deceso entre la medianoche y las 2:00 a. m., mucho antes de que se reportara el incidente vial a las autoridades de movilidad.
Con todo este arsenal de pruebas técnicas y testimoniales, la Fiscalía procedió a la captura de Hugo Fernando Silva Soto el 5 de marzo de 2026.
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El hombre fue vinculado a un proceso judicial bajo los cargos de feminicidio agravado, homicidio agravado y ocultamiento de material probatorio.
A pesar de que el procesado no aceptó los cargos y mantiene su postura sobre un infortunio en la vía, un juez ordenó su traslado a un centro carcelario mientras el proceso avanza hacia una decisión final.