Eran las 3:40 de la mañana en el barrio Bosque Popular, cerca de la localidad de Kennedy, cuando el silencio se rompió por el estruendo de un vehículo impactando contra un árbol sobre un separador.
A primera vista, para los uniformados de Tránsito que llegaron a la calle 63 con carrera 70, se trataba de un incidente vial más en las madrugadas capitalinas.
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Sin embargo, al acercarse a la escena, las piezas del rompecabezas simplemente no encajaban y lo que parecía un accidente fortuito empezó a mostrar las costuras de una puesta en escena cuidadosamente planeada.
La primera señal de alerta para las autoridades fue la posición de los ocupantes. En la silla del conductor yacía una mujer sin vida, pero al verificar sus datos, surgió una duda razonable: la persona no tenía licencia de conducción y, según las indagaciones, ni siquiera sabía manejar.
Este hallazgo fue el hilo del que tiraron los investigadores para desmoronar la versión de Hugo Fernando Silva, quien se encontraba en la parte trasera del auto fingiendo estar herido por el choque.
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Como bien señaló la Fiscalía durante el proceso, "los muertos no conducen", una frase que retumba como el error fatal en la estrategia del implicado.
Lo que la ciencia descubrió tras el impacto Mientras Silva intentaba convencer a los agentes de que todo fue un infortunio del camino, los análisis del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) y Medicina Legal revelaron una cronología muy distinta.
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Las pruebas científicas fueron contundentes al demostrar que tanto la mujer como su pequeño de 10 meses ya no tenían signos vitales mucho antes de que el carro tocara aquel árbol.
El menor presentaba lesiones internas que los expertos asocian con una agitación física extrema, un suceso que habría ocurrido horas antes en una vivienda al occidente de la ciudad, mientras estaba bajo el cuidado de Silva.
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Por su parte, la mujer tenía una herida profunda en el cuello que, por su naturaleza, era imposible que hubiera sido causada por el choque contra el objeto fijo. Estos hallazgos forenses transformaron lo que era un reporte de tránsito en una investigación judicial de alto impacto.
Un plan que se desvaneció entre las sombras La reconstrucción de los hechos sugiere que Silva intentó borrar cualquier rastro de lo sucedido en la casa.
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Se dice que utilizó luces para inspeccionar el interior del vehículo y asegurarse de limpiar cada mancha, guardando los elementos de aseo en una bolsa que desechó rápidamente.
Incluso, en un giro, las autoridades hallaron oculta en la guantera una herramienta cortopunzante con rastros biológicos, la cual se convirtió en una de las pruebas reinas contra él.
El relato de los eventos indica que, tras notar que algo andaba mal con el bebé, la madre confrontó a Silva con desespero, momento en el cual se habría producido el ataque final.
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Posterior a esto, el señalado habría movido los cuerpos para simular el incidente vial y tratar de desviar la atención, ubicándose él mismo como un sobreviviente herido en el lugar de los pasajeros.
A pesar de la montaña de evidencias, que incluye desde el arma hallada en el auto hasta las inconsistencias en la conducción, Hugo Silva no aceptó los cargos que se le imputaron por los sucesos agravados y la alteración de material probatorio.
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No obstante, un juez determinó que las pruebas eran suficientes para que deba cumplir una medida de aseguramiento en un centro penitenciario mientras el proceso avanza hacia su etapa final.