La historia de Tatiana Barreto, conocida en redes sociales como "La Rola en Madrid", es un testimonio agridulce que refleja el contraste entre el éxito digital y las crudas barreras que enfrentan los migrantes colombianos en especial al llegar a lugares como España.
Recientemente reconocida por la Embajada de Colombia en España como una de las diez colombianas destacadas de 2026, Tatiana Barrero aprovechó los micrófonos de El Klub de La Kalle para relatar cómo su camino estuvo marcado por el racismo y la explotación.
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A pesar de que Tatiana viajó a España por amor, su llegada no fue el cuento de hadas que muchos imaginan al ver fotos en París o Madrid. La "influencer" denunció que la discriminación fue inmediata, manifestándose en insultos y gestos de rechazo social.
Según relató en el programa, la trataban con términos denigrantes: "me decían así de forma despectiva indígena" y otros epítetos comunes contra los latinoamericanos como "Panchita" o "sudaca".
La discriminación no era solo verbal; era física y social. Barreto recuerda con amargura cómo algunas personas "se me pararan de la silla porque era colombiana". Además, tuvo que lidiar con el estigma de que las colombianas solo buscan residencia legal, afirmando que existe la idea generalizada de que "buscamos papeles todos creen que uno busca papeles", cuando en su caso, la realidad era opuesta.
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¿Qué más comentó Tatiana Barreto sobre su experiencia?
Uno de los puntos más críticos de su relato fue la precariedad laboral. Tatiana expuso cómo el sistema se aprovecha de la necesidad del migrante. En su experiencia como vendedora de telefonía, fue víctima de prácticas abusivas: "en España lo negrea mucho esa vaina de que es que una semana gratis de prueba y no te pagan nada".
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Sus primeros empleos fueron una sucesión de maltratos. Como mesera, tras un accidente con una copa, el jefe se puso histérico y la insultó. Más tarde, trabajando como vendedora de calle en pleno invierno, un hombre le mostró el peor rostro de la intolerancia: "me tira el balde de agua en invierno... aún así al otro día volví porque dije esto no me puede quedar grande".
Incluso trabajando en un call center, debía soportar abusos verbales sin poder colgar, escuchando insultos como "joder la hostia" mientras intentaba mantener su profesionalismo.
Hoy, Tatiana utiliza su plataforma para cambiar la narrativa. Héctor, su esposo español, reconoce que en regiones más cerradas como Galicia, el rechazo era evidente: "había cierto rechazo de oye tú eres de fuera quitas el trabajo a los que están aquí". Pese a eso, comentó que sigue con sus proyectos.
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