Durante años, Alice Rickard convivió con una sensación constante de frustración al no lograr cambios duraderos en su salud tras el embarazo de sus gemelos. Residente en Londres, la mujer relató que, pese a intentar diferentes dietas y rutinas de ejercicio, los resultados siempre eran temporales y el peso terminaba regresando, lo que afectó su autoestima y su percepción personal.
Rickard explicó que la maternidad modificó por completo su rutina diaria. El cansancio, la falta de tiempo y la prioridad de cuidar a sus hijos influyeron en una alimentación poco estructurada, basada muchas veces en restos de comida y decisiones rápidas. A esto se sumó el consumo frecuente de bebidas sin azúcar, un hábito que, con el tiempo, se volvió parte de su día a día y difícil de abandonar.
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El uso de la inteligencia artificial como apoyo cotidiano
Según contó a un medio británico, durante ese proceso llegó a atribuir sus dificultades para bajar de peso a factores como la edad y los cambios hormonales. Incluso consultó con un médico, quien le sugirió un tratamiento farmacológico que finalmente decidió no iniciar. En ese momento, Rickard aseguró no reconocerse frente al espejo y sentirse desconectada de su identidad previa al embarazo, una experiencia que, según ella, comparten muchas madres.
El punto de quiebre llegó a comienzos de 2025, cuando decidió utilizar una herramienta de inteligencia artificial que ya conocía para algo más que consultas ocasionales. Comenzó a usarla como un apoyo diario para organizar su alimentación, planificar entrenamientos y reflexionar antes de tomar decisiones impulsivas relacionadas con la comida.
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Rickard describió la experiencia como una especie de acompañamiento constante. En momentos de duda o tentación, recurría a la herramienta para replantear sus elecciones y recordar sus objetivos. Con el tiempo, afirmó haber notado cambios no solo físicos, sino también en su manera de pensar y relacionarse con la comida.
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Motivada por los resultados, creó dentro de la plataforma un perfil personalizado que funcionaba como una voz interna orientada a reforzar hábitos saludables. Para ella, este recurso se convirtió en un complemento que le permitió sostener cambios que antes no lograba mantener en el tiempo.
La historia de Rickard ha generado interés al mostrar cómo algunas personas están incorporando la inteligencia artificial como apoyo en procesos personales, no como una solución médica, sino como una herramienta para la organización, la reflexión y la toma de decisiones cotidianas.