El famoso Palacio del Colesterol cerró definitivamente su punto histórico al costado del Estadio Nemesio Camacho El Campín. Durante décadas fue la parada obligatoria de hinchas, estudiantes, taxistas y vecinos del sector que llegaban antes o después de los partidos a comer empanadas, chorizos, papas saladas y otras frituras tradicionales.
La noticia tomó por sorpresa a muchos habituales del lugar, que estaban acostumbrados a ver las carpas y los fogones encendidos cada fin de semana. El cierre no responde a falta de clientes ni a una caída en ventas. Por el contrario, el sitio seguía siendo uno de los puntos gastronómicos más concurridos de la zona.
Puedes leer: Chef de Los Sayayines del barrio Santa Fe confirma que cocinaba carne humana en Bronx
Te puede interesar
La decisión está ligada directamente al proyecto de renovación urbana del sector El Campín, que transformará por completo el entorno de la calle 57. Con la obra, el estadio tendrá nuevas áreas comerciales, espacios culturales, zonas públicas y un modelo de funcionamiento distinto al actual.
¿Por qué cerró el Palacio del Colesterol?
El corredor de frituras quedó incluido dentro del polígono de intervención del nuevo complejo deportivo y cultural. Eso significa que los espacios donde funcionaban los puestos deben ser liberados para permitir el avance de las obras.
En términos prácticos, los comerciantes tuvieron que desocupar el terreno para que pueda ser demolido y adaptado al nuevo diseño urbano. La concesión del estadio exige que toda esa franja sea despejada para cumplir con el cronograma de construcción.
Publicidad
Así, uno de los símbolos gastronómicos más reconocidos del fútbol bogotano bajó la reja no por problemas internos, sino por una decisión técnica asociada a la transformación del sector.
Publicidad
Qué pasará con los comerciantes históricos
La transición no será igual para todos los vendedores. Algunos optaron por retirarse después de décadas trabajando frente al fogón, mientras otros decidieron apostarle al nuevo modelo que vendrá con el estadio renovado.
Para quienes continúen, el cambio implica adaptarse a una forma distinta de operar: pasar de la fritanga callejera a locales formales, con normas sanitarias más estrictas, contratos y costos diferentes. También significa competir en un entorno más comercial, donde habrá restaurantes, tiendas y espacios gastronómicos más estructurados.
Varios comerciantes aseguran que el reto es grande, pero confían en que el nuevo flujo de público pueda mantener viva la tradición, aunque ya no sea bajo carpas improvisadas sino dentro de un complejo moderno.
Puedes leer: ¿Bajará el precio del corrientazo? El problema que podría generar el freno salario mínimo
El cierre del Palacio del Colesterol marca un antes y un después en la vida cotidiana del sector. Durante más de seis décadas, el lugar fue parte del ritual futbolero: partido, fritanga y regreso a casa. Ahora, ese paisaje urbano desaparece para dar paso a un proyecto que busca convertir el estadio en un espacio activo todos los días del año.
Con la renovación, se espera que la zona tenga más circulación permanente, nuevos negocios y una dinámica distinta a la actual, que dependía en gran parte de los eventos deportivos.
Publicidad