Las historias sobre lo que ocurría en el desaparecido Bronx de Bogotá no dejan de estremecer a miles de personas que, aunque crían que era mito, las propias autoridades confirmaron la veracidad de la crueldad que se manejaba en el temido sector del Santa Fe.
Pues durante años se pensaba que más de la mitad de las cosas que se contaban sobre lo que ocurría dentro del Bronx era producto de alucinaciones de los consumidores que llegaban a esta calle; sin embargo, luego de la intervención en 2016 las autoridades corroboraron que la vida en este sector era aún más escalofriante de lo que se hablaba.
Y es que son varios los testimonios y evidencias que se conocen luego de la desarticulación de esta calle; por ejemplo, resultó ser cierta la existencia de un cocodrilo que alimentaban con personas y que llevaba por nombre Pepe. Este animal no logró sobrevivir al operativo de arutoridades ya que habría perdido la vida antes de que las autoridades llegaran al lugar donde lo mantenían Los Sayayines.
La existencia de Pepe era una de las que más había llamado la atención hasta el momento; pues se conoció además el triste final que tuvo 'Pepe', el cocodrilo del Bronx y del que incluso en un video de Los Informantes entrevistaron a un hombre que asegura que compró unas partes y muestra lo que serían las imágenes reales de la piel del cocodrilo del Bronx.
Chef del Bronx dice que le obligaron a cocinar humanos
Ahora el tema vuelve a sacudir la atención del país con una reveladora entrevista de un hombre que asegura que fue chef de Los Sayayines en esta calle del Santa Fe y revela que fue obligado a cocinar carne humana.
Se trata de Óscar Rosas, un chef colombiano que relató su experiencia en el programa Los informantes. Su historia reconstruye el descenso de un cocinero formado en el exterior, hacia uno de los episodios más oscuros asociados al antiguo Bronx en la capital de Colombia.
Antes de caer en la drogadicción, Rosas había construido una trayectoria prometedora. Trabajó en restaurantes de Estados Unidos, Brasil, Italia y Holanda, pero cayó en el consumo de drogas, por lo que sus padres decidieron enviarlo a estudiar a Nueva York con la esperanza de que se enfocara en su carrera. Aunque destacaba por su talento culinario, su adicción terminó por afectar cada oportunidad laboral: llegaba bajo los efectos de sustancias o protagonizaba escándalos que le cerraban puertas.
En un intento por cambiar de rumbo, regresó a Colombia con varios objetivos alejado de las drogas, pero este propósito solo duró una semana ya que volvió a consumir, buscó sustancias más fuertes y terminó en el barrio Santa Fe, específicamente en el sector conocido como el Bronx, entonces controlado por estructuras criminales bajo el mando de 'Los Sayayines'.
Para sostener su adicción comenzó realizando oficios menores: barría calles y participaba en la venta y empaque de drogas. Con el tiempo, su habilidad en la cocina llamó la atención de ‘Los Sayayines’, grupo delincuencial que ejercía control en la zona. Lo que parecía una manera de sobrevivir se convirtió, según su relato, en una pesadilla.
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Rosas aseguró que fue retenido durante tres años en un túnel subterráneo, donde lo obligaban a cocinar sin posibilidad de salir. El episodio más perturbador, afirmó, ocurrió cuando descubrió que la carne que debía preparar provenía de un cuerpo humano. Al negarse, recibió amenazas y agresiones que lo forzaron a cumplir la orden bajo intimidación.
Describió el lugar como una antigua cañería de la ciudad, un espacio reducido donde apenas cabía una mesa de trabajo. Allí, según su versión, se preparaban alimentos en condiciones inhumanas, en medio de un entorno dominado por el miedo y la violencia.
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Su salida se produjo tras un intento de suicidio. Se cortó el cuello con una botella, lo que obligó a sus vigilantes a sacarlo del túnel. De acuerdo con su testimonio, fue abandonado cerca del Parque de los Mártires y trasladado luego a una clínica, donde logró sobrevivir.
Cuando contó lo ocurrido, pocos le creyeron. Sin embargo, tras la intervención de 2016, las autoridades confirmaron la existencia de túneles, casas de tortura y redes de explotación dentro del Bronx, lo que dio contexto a varios relatos de víctimas que habían permanecido ocultos durante años.
El caso de Óscar Rosas se suma a los múltiples testimonios que evidenciaron el nivel de degradación y violencia que operó en ese sector de Bogotá antes de su desmantelamiento, un capítulo que aún deja preguntas abiertas sobre la magnitud de los crímenes cometidos en ese enclave urbano.