La madrugada que debía marcar el inicio de un nuevo reencuentro familiar terminó convertida en una de las historias más dolorosas de los últimos días en Colombia.
Cinco integrantes de una familia perdieron la vida en el peaje de Casablanca en Zipaquirá cuando una tractomula chocó varios vehículos y provocó un incendio de gran magnitud mientras viajaban hacia Santander con la ilusión de pasar la Semana Santa en su tierra natal.
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Don Daniel Pereira, un campesino de 86 años, había construido su vida junto a su esposa Rosalba Garcés Ríos en la vereda Simeón, en el corregimiento de Vado Real, municipio de Suaita. Allí criaron a sus hijos, quienes con el paso del tiempo migraron en su mayoría a Bogotá en busca de mejores oportunidades, sin perder nunca el vínculo con sus raíces.
La familia mantenía una tradición inquebrantable: regresar periódicamente al campo para compartir con su padre, especialmente en fechas especiales.“Y así lo hacían periódicamente. Para este fin y comienzo de año se habían reencontrado con el viejo y el compromiso era que se volverían a ver en Semana Santa”, relató un familiar a El Tiempo, recordando el último acuerdo que hoy cobra un significado profundamente doloroso.
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El viaje que terminó en tragedia comenzó en la madrugada. A las 4:05 a. m., Fredy León conducía un vehículo particular en el que viajaban su esposa Luz Amanda Pereira, su suegra Rosalba Garcés, su cuñada Adelaida Pereira y el pequeño Juan Pablo, de 10 años. También iban acompañados por sus mascotas, como parte de ese viaje familiar que representaba descanso, tradición y unión.
Sin embargo, lo que debía ser un trayecto habitual cambió de forma abrupta. En el peaje de Casablanca, Zipaquirá cuando el vehículo ya se encontraba en la fila y había registrado su paso a las 5:37 a. m., una tractomula que descendía sin control terminó impactando contra varios automotores. La colisión generó una cadena de choques y un incendio de grandes proporciones que afectó al menos a una docena de vehículos.
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¿Cómo recibieron la noticia los allegados que perdieron a sus familiares en el accidente en Zipaquirá?
Mientras tanto, lejos del lugar, la incertidumbre comenzaba a crecer entre sus allegados. “Sus celulares sonaban apagados”, recordó un familiar, describiendo los primeros momentos de angustia. Las llamadas sin respuesta encendieron las alarmas, especialmente entre quienes sabían que habían salido de madrugada y conocían la ruta que tomarían.
Con el paso de las horas y la difusión de las noticias sobre el accidente, la preocupación se transformó en desesperación. Algunos familiares comenzaron a comunicarse entre sí, tratando de encontrar información, aferrándose a la esperanza de que no se tratara de ellos. Pero esa ilusión se desvaneció cuando uno de los parientes decidió trasladarse hasta el lugar del siniestro.
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Allí confirmó lo que temían: sus seres queridos estaban entre las víctimas. El impacto emocional fue devastador, no solo para la familia, sino también para la comunidad de Vado Real, donde eran ampliamente conocidos.
“Qué pesar por mis vecinos de la vereda Simeón; venían con ese deseo de siempre, a pasar Semana Santa en la finca con su sr. esposo y padre, Danielito Pereira; humildes campesinos y trabajadores, siempre los vamos a recordar”, expresó un habitante de la zona, reflejando el sentimiento colectivo.
La noticia fue finalmente comunicada a don Daniel por uno de sus hijos, quien ya se encontraba en Santander. Ahora, entre el dolor y la consternación, la familia espera los procedimientos correspondientes para poder darles el último adiós, mientras deciden si las honras fúnebres se realizarán en su tierra natal o en Bogotá, donde también habían construido gran parte de su vida.
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