Recientemente, a través de una reveladora emisión en El Klub de La Kalle, se dio a conocer una situación que mezcla el entretenimiento con la cruda realidad de los derechos humanos: el comediante conocido como "Piroberta" y su compañero de viaje, Cuervo, se vieron obligados a cancelar su visita a Malasia.
Lo que pretendía ser una parada más en el programa de Cracaol Tv La Vuelta al Mundo en 80 risas, se transformó en un recordatorio de la intolerancia que aún impera en ciertas latitudes.
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La logística para el viaje ya estaba completamente montada; se habían adquirido tiquetes y organizado los detalles técnicos del proyecto. Sin embargo, todo se derrumbó durante la fase de exploración o scouting.
Los informes locales fueron tajantes: el personaje de Piroberta, debido a su estética y la naturaleza de su representación, no era bienvenido.
"Este personaje no puede venir acá porque aquí a las personas con inclinaciones homosexuales o que se vistan así de travestis (...) son condenadas", fue la advertencia que recibieron los humoristas antes de embarcarse en una situación de peligro real.
La situación en Malasia no es un asunto de simple preferencia cultural, sino un marco legal punitivo y extremadamente severo.
De acuerdo con la información compartida en El Klub, la comunidad LGTBI Q+ es considerada "prohibida y perseguida" en dicho país, careciendo incluso de estadísticas oficiales debido a la clandestinidad a la que se ve obligada.
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Los datos son escalofriantes: en los últimos tres años, al menos 135 personas han sido arrestadas bajo cargos relacionados con su identidad o conducta.
Las leyes locales estipulan castigos que parecen sacados de otra época. Las condenas pueden alcanzar hasta los 20 años de prisión, acompañadas de azotes con vara por delitos tipificados como sodomía y atentados contra el pudor.
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Ante este panorama, el equipo de producción decidió que era imposible garantizar la seguridad de los artistas, optando por cancelar la etapa del viaje en ese destino para evitar que Piroberta o Cuervo terminaran enfrentando la justicia malaya.
Esta discriminación estructural se ve reforzada por declaraciones de altos funcionarios que han generado polémica a nivel global.
Se citó el caso de un ministro de asuntos religiosos, vinculado al entorno del primer ministro de Malasia, quien aseguró de manera controvertida que el estrés laboral, la influencia social y las experiencias íntimas son factores que desarrollan "conductas homosexuales".
Según esta visión oficialista, la homosexualidad no sería una orientación inherente, sino una consecuencia del entorno, una afirmación que ha sido objeto de burla y críticas por su falta de sustento científico.
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