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El peligro oculto en el asfalto: Por qué colapsan los corredores en las maratones de ciudad

Reporte médico sobre la causa más frecuente de muerte en maratones urbanas y carreras de calle. Conoce los factores de riesgo del asfalto y cómo prevenirlos.

Vista a ras de suelo de tenis de corredores sobre el asfalto de una calle de la ciudad durante una maratón.
Las demandas cardiovasculares del asfalto urbano pueden detonar patologías cardíacas ocultas en corredores de fondo.
/Foto: IA

Las enfermedades cardíacas subyacentes no detectadas, principalmente la miocardiopatía hipertrófica en menores de 35 años y la enfermedad coronaria en corredores mayores, son la causa más frecuente de muerte en las maratones urbanas que se disputan en las calles de las ciudades.

Aunque correr por el asfalto es una práctica masiva y saludable, las carreras de larga distancia exigen un esfuerzo extremo que puede activar anomalías estructurales ocultas en el corazón.

La combinación de una alta exigencia cardiovascular junto con las condiciones particulares del entorno urbano genera un escenario crítico para aquellos atletas que sufren de predisposiciones médicas sin saberlo.

El impacto del asfalto y el entorno urbano en el corazón

A diferencia de las carreras de montaña o senderos, las maratones que se realizan en las avenidas de las ciudades presentan variables ambientales muy severas.

El pavimento rígido incrementa el impacto articular, elevando de forma colateral el estrés psicofísico general y la fatiga muscular temprana del competidor.

Este agotamiento generalizado obliga al sistema circulatorio a trabajar a marchas forzadas para mantener la oxigenación muscular, lo que eleva drásticamente la frecuencia cardíaca durante varias horas seguidas.

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Cuando un corredor posee un engrosamiento anormal del músculo cardíaco, el esfuerzo prolongado sobre las calles interrumpe los impulsos eléctricos ordinarios del órgano.

Esto desencadena arritmias ventriculares malignas que impiden el bombeo de sangre, produciendo un colapso súbito en plena vía pública.

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En personas adultas, el mismo estrés hemodinámico de la carrera puede romper placas de colesterol en las arterias, obstruyendo el flujo sanguíneo y derivando en infartos fulminantes antes de alcanzar la meta.

Los datos sobre paros cardíacos en el asfalto están respaldados por el prestigioso estudio norteamericano RACER (Race Associated Cardiac Arrest Event Registry), publicado en el New England Journal of Medicine.

Esta investigación demostró que la enfermedad coronaria oculta domina los casos en mayores de 35 años, mientras que las anomalías estructurales congénitas son la causa principal en los más jóvenes.

Asimismo, registros médicos analizados por la Sudden Cardiac Arrest Foundation y la Emory School of Medicine confirman que el riesgo general es extremadamente bajo (menos de un caso por cada 100,000 corredores), lo que prueba que el detonante real nunca es correr por la ciudad en sí mismo, sino la existencia de una cardiopatía previa no detectada que se activa ante el esfuerzo físico extremo de una carrera de calle.

El factor térmico y la deshidratación en la ciudad

Las condiciones de las grandes urbes aportan un factor de riesgo adicional: el microclima urbano.

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El fenómeno conocido como isla de calor, donde el asfalto y los edificios retienen las altas temperaturas, eleva la sensación térmica en las calles mucho más que en espacios abiertos. Esto predispone a los maratonistas a sufrir golpes de calor por esfuerzo, una emergencia médica donde el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura interna, superando los 40 grados.

La sudoración excesiva en estos entornos de cemento acelera la pérdida de electrolitos vitales como el sodio y el potasio.

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Este desequilibrio metabólico altera directamente la estabilidad eléctrica del corazón, incrementando el riesgo de sufrir fallas respiratorias y paros cardiorrespiratorios. La combinación de deshidratación severa y vulnerabilidad coronaria previa es el detonante principal de los desmayos en el asfalto.

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Medidas de prevención en el running callejero

La medicina deportiva insiste en que estas fatalidades urbanas son prevenibles mediante tamizajes clínicos rigurosos.

Todo ciudadano que decida someterse al reto de una carrera de calle debe realizarse un electrocardiograma, un ecocardiograma y una prueba de esfuerzo computarizada antes de iniciar los entrenamientos.

Conocer los límites biológicos personales y evaluar el estado de las arterias coronarias es la única estrategia infalible para asegurar que la experiencia de correr por las avenidas de la ciudad sea una fiesta deportiva y no una tragedia de salud pública.