Jorge Muñoz, el hombre que le da vida al Show de Tato en Sábados Felices, soltó la lengua y dejó a más de uno frío con la historia de su vida. Resulta que el humorista pasó por un desierto de siete años en los que estuvo más perdido que embolatado de su propia sangre.
Sin pelos en la lengua, el ventrílocuo contó a Se dice de mí que su anterior matrimonio fue el detonante para que se alejara por completo de su papá y de su hermana Carolina.
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La cosa estaba tan 'color de hormiga' que la comunicación con ellos era casi nula, una situación que en ese entonces él no terminaba de entender, pero que ahora ve clarito como el agua.
El tema era que a su ahora exesposa le generaba una incomodidad berraca la presencia de la familia de Jorge.
La vuelta llegó a tal punto que su hermana Carolina reveló que, cuando intentaba contactarlo para algún negocio o algo personal, Jorge siempre la mandaba a hablar con su entonces mujer, quien era la que manejaba la batuta de todo lo relacionado con su carrera.
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Carolina sentía que el corazón se le salía cada vez que escuchaba que debía pedir permiso para hablar con su propio hermano.
Pero lo más fuerte vino con la repartición de bienes cuando decidieron abrirse cada uno por su lado. Jorge se dio cuenta de que estaba parado en la nada: la casa, el carro y hasta la empresa que gestionaba al Show de Tato figuraban exclusivamente a nombre de ella.
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Cuando el humorista propuso vender las cosas para dividir miti-miti, se encontró con un muro. La mujer no le iba a entregar la empresa porque, según ella, llevaba 15 años trabajando en la parte administrativa y esa marca también le pertenecía.
Ante ese callejón sin salida, Muñoz tuvo que tomar una decisión de esas que duelen en el bolsillo pero que le devolvían el alma al cuerpo.
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El hombre le hizo una propuesta que lo dejó viendo un chispero, pero que era necesaria para salvar su futuro profesional: “Hagamos una cosa: yo te entrego el carro y la casa, y tú me das el nombre de la empresa”.
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El humorista prefirió quedarse con una mano adelante y otra atrás con tal de recuperar la titularidad de su marca y su identidad artística.
Su propia madre describió la jugada como un sacrificio extremo, pues su hijo prefirió el sustento de su talento por encima de cualquier ladrillo.
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Después de quedar prácticamente en la calle, se vino el reencuentro que le devolvió la vida. Jorge llegó a la casa de sus viejos después de años de ausencia y el recibimiento lo dejó sin palabras.
Su papá lo abrazó sin un solo reclamo ni una pizca de rencor, simplemente lo invitó a seguir para que saludara a su mamá en el segundo piso. El llanto fue inevitable y ese abrazo selló el fin de un aislamiento que casi acaba con el núcleo familiar.
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Y como si fuera poco este novelón, Jorge también recordó cómo fue que se enteró de que era papá. La historia con su hijo Federico es de esas que parecen de película: el humorista supo que tenía un retoño cuando el niño ya tenía tres años.
La mamá del pequeño lo vio por televisión cuando él ya era famoso y, por medio del Bienestar Familiar, se pusieron en contacto.
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A pesar de que la madre no era su pareja en ese momento, hoy llevan una relación basada en el respeto. Federico ahora es un arquitecto que vive en Chinchiná y mantiene un vínculo muy cercano y constante con su padre, lleno de charlas y mucho humor.
Actualmente, Jorge Muñoz sigue firme en la televisión colombiana, con el control total de su marca y rodeado de nuevo por el cariño de los suyos.