Durante más de tres décadas, el mundo conoció a Claire Brosseau a través de la versatilidad de sus actuaciones en cine y televisión, participando en producciones destacadas como Confessions of a Dangerous Mind (2002) y A Previous Engagement (2008).
Sin embargo, detrás de los reflectores, la actriz canadiense libraba una guerra interna contra una serie de padecimientos mentales que comenzaron a manifestarse a la temprana edad de 14 años.
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Hoy, Brosseau decidió que su última actuación no será en un escenario, sino en los tribunales, buscando el derecho legal a poner fin a su vida de manera digna y asistida.
La historia clínica de Brosseau es un compendio de diagnósticos complejos: depresión maníaca, trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad severa, trastornos de la personalidad y abuso de sustancias.
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A pesar de contar con el apoyo incondicional de su familia y amigos, la actriz confiesa que vive en un estado de "cansancio extremo" donde cada día representa una lucha insoportable por la supervivencia.
"No puedo ni siquiera hablar de los verdaderos horrores de mi situación", expresó en una emotiva carta pública, reafirmando que su decisión no es un impulso, sino el resultado de un desgaste emocional profundo.
El núcleo de la controversia radica en que, aunque Canadá legalizó la Ayuda Médica para Morir (MAID) en 2016, el marco legal actual está diseñado primordialmente para pacientes con condiciones físicas terminales o irreversibles.
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Brosseau, quien se encuentra físicamente sana, presentó su solicitud formal en 2021, pero se ha topado con una barrera legislativa: la exclusión de las enfermedades mentales como criterio único para acceder al procedimiento.
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En respuesta, la actriz ha emprendido una acción legal junto a la organización Dying With Dignity Canada, alegando que esta exclusión constituye un acto de discriminación.
Aunque se prevé que en marzo de 2027 la ley canadiense se amplíe para incluir padecimientos psiquiátricos, Brosseau asegura que no puede esperar tanto tiempo.
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Su postura es contundente frente al control estatal sobre su propia existencia: "El gobierno no me dejará olvidar que no tengo control sobre mi cuerpo".
El historial de tratamientos de la actriz es, por decir lo menos, exhaustivo. Ha probado más de 25 fármacos distintos, terapias electroconvulsivas, sesiones de conversación, arte terapia e incluso el uso guiado de sustancias psicodélicas, sin encontrar un alivio significativo.
Esta falta de resultados ha dividido incluso a sus médicos tratantes. Mientras el doctor Mark Fefergrad mantiene la esperanza de que aún puede ser tratada con éxito, la doctora Gail Robinson reconoce la validez de su elección y ha manifestado que la apoyará si la ley lo permite.
Si su petición fuera finalmente aceptada, Brosseau ya tiene una visión clara de su despedida: desea estar acompañada por sus seres queridos, sus psiquiatras y su fiel perra Olive, prefiriendo un adiós consciente antes que un final violento derivado de su ideación suicida crónica.
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