El brillo de los reflectores y los aplausos en los teatros parecen haber quedado en un pasado remoto para Carolina Trujillo.
La reconocida actriz, escenógrafa y vestuarista, cuya presencia marcó una época dorada en la televisión colombiana, atraviesa actualmente uno de los capítulos más amargos de su vida personal y profesional.
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Lo que comenzó como un sueño de preservación histórica en el centro de Bogotá, hoy se tambalea bajo el peso de una crisis económica que amenaza con borrar 25 años de esfuerzo ininterrumpido.
Trujillo, formada artísticamente en Francia, no es solo una cara familiar de producciones emblemáticas como Vanessa, Los pecados de Inés de Hinojosa, Caballo viejo y, por supuesto, su inolvidable interpretación de Francisca García Muriel en La casa de las dos palmas.
Es, ante todo, una gestora cultural que volcó su pasión por la historia, la moda y el arte en la creación de Barcarola, un museo-bar que alberga una colección única de más de 100 figuras de porcelana —cariñosamente llamadas “monos”— que narran la evolución de la humanidad a través del vestuario.
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El declive de este espacio cultural no fue repentino, sino el resultado de una herida que no cerró tras la crisis sanitaria global.
Según relató la actriz, el proyecto, que nació hace 30 años de su deseo de compartir su saber, comenzó a hundirse tras la parálisis económica provocada por el COVID-19.
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"Desde la pandemia se paralizó todo y entonces me empecé a colgar con los arriendos", explicó Trujillo en una reciente y conmovedora entrevista para el programa ‘La red’ de Caracol Televisión.
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A día de hoy, la situación es crítica. La deuda acumulada por el canon de arrendamiento asciende a aproximadamente 80 millones de pesos.
A pesar de haber sido una mujer previsora que logró adquirir tres apartamentos gracias a su carrera artística, la crisis la obligó a vender una de sus propiedades para intentar saldar los compromisos del local.
No obstante, el esfuerzo fue insuficiente; la deuda siguió creciendo y los propietarios del inmueble han iniciado un proceso legal de restitución.
La lucha de Carolina Trujillo no solo ha sido financiera, sino también una batalla contra la indiferencia. La actriz asegura haber pasado 30 años enviando cartas a museos y al Ministerio de Cultura en busca de apoyo para proteger su colección, sin recibir respuesta alguna.
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Además, denunció que algunas personas han intentado obtener su valiosa colección de miniaturas sin ofrecer compensación económica, ignorando las décadas de investigación y la inversión monetaria que requiere mantener tales piezas.
Actualmente, Trujillo sobrevive gracias a la renta de un único apartamento y el respaldo de la asociación a la que pertenece para cubrir su seguridad social. Su cansancio es evidente: ante la falta de soluciones, ha optado por abrir el espacio solo un mes más como exposición.
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De no lograr un milagro, se verá obligada a "desbaratar todo y guardarlo", permitiendo que años de memoria histórica terminen en cajas olvidadas.
La crudeza de su realidad quedó plasmada en una frase que ha resonado en la opinión pública: “Trabajé toda la vida para no estar así, pero así fue”. Es el reflejo de una vejez que no coincide con las expectativas de alguien que compartió escena con grandes como Vicky Hernández y Gustavo Angarita.
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Para evitar el cierre definitivo de Barcarola, personas cercanas a la artista han lanzado una Vaki, buscando recaudar fondos que permitan detener el proceso legal y salvar este patrimonio cultural independiente.
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