La imagen actual de Yelsid es la de un artista consolidado, un referente del género urbano con una voz prodigiosa capaz de navegar entre el reguetón y la salsa. Sin embargo, detrás de los escenarios y las luces, se esconde una historia de resiliencia que pocos conocen.
En una reciente y honesta charla en El Klub de La Kalle, el intérprete de "El bus" abrió su corazón sobre sus días antes de la fama, cuando la música era apenas un sueño que se gestaba entre estanterías de víveres y jornadas laborales extenuantes.
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Mucho antes de las giras internacionales, Yelsid formaba parte de la fuerza laboral convencional. El artista relató que trabajó en una empresa de papel adhesivo llamada Avery Dennison.
Su salida de la compañía no fue por falta de talento, sino por un incidente ajeno: fue despedido junto a un compañero tras una riña en la que se vio involucrado de manera indirecta.
Con la liquidación en mano y la incertidumbre tocando a su puerta, decidió emprender un negocio propio en el garaje de la casa de su tía: una tienda de barrio.
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Durante tres años, su vida transcurrió en una rutina de sacrificio, atendiendo desde las 5 de la mañana hasta la medianoche. "Una tienda es una cárcel", confesó en la entrevista, recordando cómo su madre le pedía víveres desde el patio mientras él alternaba el pesaje de arroz con la creación musical.
En ese mismo entorno, de forma casi artesanal, Yelsid comenzó a grabar sus primeras canciones utilizando un micrófono de solapa sencillo dentro de un clóset, demostrando que el talento no depende de equipos costosos, sino de la pasión.
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La carrera de Yelsid no despegó por una gran inversión publicitaria, sino por la fuerza de sus letras. Su primer éxito, "Marivele", comenzó a sonar de manera orgánica en Antioquia, llevando al artista a una situación paradójica: la gente lo reconocía en la calle, pero sus bolsillos seguían vacíos.
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En esa etapa, Yelsid cobraba entre 200 y 300 mil pesos por presentación. Aunque lograba realizar hasta cuatro espectáculos por fin de semana, el dinero apenas alcanzaba para reinvertir en la producción de videos y la promoción de su siguiente material.
"Era famoso sin plata", admitió ante los micrófonos de La Kalle, explicando que seguía subsistiendo gracias a las ganancias de su tienda mientras su nombre ya retumbaba en las emisoras más importantes de Medellín.
Este inicio humilde forjó el carácter de un artista que hoy celebra dos décadas de trayectoria con la humildad de quien sabe lo que cuesta cada libra de arroz y cada nota musical.
Mira la entrevista completa aquí: