Si estás buscando la manera más elegante, pero a la vez más letal, de cerrar un capítulo y dejarle claro a la mujer que ahora ocupa tu lugar que no se ha llevado precisamente un tesoro, no tienes que buscar más. La respuesta ha estado siempre en la voz de la "más grande", Rocío Jurado, y su himno de rabia pura: 'Ese hombre'.
Esta canción no es solo un tema de empoderamiento; es una flecha directa lanzada con el alma rota y la voz temblando, dirigida tanto al que se fue como a la que se quedó con él.
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Para entender por qué esta letra es el manual perfecto de despedida, hay que mirar qué pasaba tras las bambalinas de la vida de la Jurado.
En 1976, ella se casó con el ídolo del boxeo, Pedro Carrasco. Parecían la pareja de oro, pero para finales de los años 80, la pasión se había enfriado y las diferencias eran insalvables.
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Fue entonces cuando el compositor Manuel Alejandro puso palabras a ese torbellino de sentimientos, admitiendo después que se inspiró directamente en Carrasco para escribir cada verso.
Lo que hace que "Ese hombre" sea la dedicatoria ideal para la amante es el giro de perspectiva que ofrece. Rocío no pide explicaciones ni ruega por amor; ella se sube al escenario y lanza una advertencia implacable: "Te lo regalo pero no te quejes".
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Es un análisis psicológico que desmantela por completo la máscara de ese tipo galante, atento y seguro que el hombre suele proyectar al inicio de una conquista.
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La letra es una sucesión de calificativos demoledores que sustituyen el amor por una ira transparente. Lo llama "payaso vanidoso", "inconsciente", "presumido" y "falso".
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Al dedicar esta canción, le estás diciendo a la otra mujer que ese ser "divino" que ella cree haber ganado es, en la intimidad de la convivencia, alguien inseguro e insufrible. Es un recordatorio de que, aunque pueda ser un buen compañero de fiestas, carece de la madurez necesaria para amar de verdad.
Uno de los momentos más fuertes es el uso del adjetivo "enano". No se trata de una descripción física, sino de una metáfora sobre su pequeñez moral y emocional frente a la magnitud de una mujer entera.
Rocío Jurado demostró que el dolor de una traición puede transformarse en una armadura, cerrando un capítulo y dejando atrás las cadenas de una unión que ya no funcionaba.
Al final, este tema sirve para poner nombre a la decepción. Porque, como bien dice la canción, el hombre que el mundo ve muchas veces no tiene nada que ver con el que realmente es cuando se apagan las luces.