Lisa Reid, una ciudadana neozelandesa, recuperó parcialmente la visión después de permanecer completamente ciega durante más de una década. Lo más sorprendente de su historia es que no fue una cirugía la que le devolvió parte de la vista, sino un golpe accidental en la cabeza ocurrido en su propia casa.
Todo comenzó cuando tenía 11 años, edad en la que fue diagnosticada con un tumor cerebral canceroso que ejercía una fuerte presión sobre el nervio óptico. Aunque una cirugía de emergencia logró salvarle la vida al extirpar el tumor, el daño en los nervios ópticos fue considerado irreversible.
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Durante los siguientes 13 años, Reid aprendió a desenvolverse con el apoyo de la Fundación para Ciegos de Nueva Zelanda y de su perra guía, Ami. Para cuando cumplió 24 años, ya llevaba una vida independiente pese a su discapacidad visual.
El inesperado cambio ocurrió en noviembre de 2000. Mientras se preparaba para dormir, se inclinó para darle un beso de buenas noches a Ami, perdió el equilibrio y se golpeó fuertemente la cabeza contra una mesa de noche y luego contra el suelo.
Aunque el impacto le causó dolor, nunca imaginó lo que ocurriría al despertar al día siguiente.
Al abrir los ojos, descubrió con sorpresa que había recuperado parte de la visión. De acuerdo con los informes médicos, logró recuperar aproximadamente el 80 % de la capacidad visual en su ojo izquierdo.
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¿Qué más se conoció del caso de Lisa Reid?
Más de dos décadas después, la comunidad científica aún no ha logrado explicar con certeza cómo el golpe pudo revertir parcialmente su ceguera. Una de las hipótesis planteadas por especialistas, entre ellos el médico Ross McKay, es que el impacto habría aliviado una presión residual sobre el nervio óptico.
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Sin embargo, entidades como la Academia Estadounidense de Oftalmología insisten en que este tipo de recuperaciones son extremadamente inusuales.
Para Lisa Reid, volver a ver también significó enfrentarse a un mundo completamente diferente. Uno de los momentos que más la conmovió fue reencontrarse visualmente con su hermano: el último recuerdo que tenía de él era el de un niño, pero al recuperar la vista encontró a un hombre adulto con barba.
También describió como impactante el momento en que volvió a mirarse al espejo, pues la última imagen que conservaba de sí misma era la de una niña de 11 años y, de un día para otro, se encontró frente al reflejo de una mujer de 24.