Si pensabas que el tinte en tu protector solar era solo para ahorrarte la base de maquillaje, prepárate para un giro inesperado. Existen estudios científicos que demuestran que los bloqueadores con color ofrecen una protección superior frente a los que son totalmente transparentes, así lo afirmó la Dra. Karen Quevedo.
No se trata solo de estética; esa capa de color actúa como un escudo extra contra las luces y el sol que causan esas pequitas o manchas llamadas lentigos solares, tan comunes en quienes se exponen sin piedad al brillo del día.
Incluso si no sales de casa, las luces de la oficina o del set pueden generar manchas si no te aplicas nada. Pero no te agobies, porque hoy en día la tecnología ha avanzado tanto que no tienes excusa para andar con la cara blanca.
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Cada cuánto se debe retocar el bloqueador
Según la Dra. Karen Quevedo la regla de oro para no terminar como un camarón es la constancia, así lo expresó en El Klub de La Kalle.
En un día normal de oficina, deberías aplicar tu protector al menos dos o tres veces al día. Sin embargo, si tu plan incluye estar bajo el sol directo o caminando por la ciudad, la experta es clara: el retoque debe ser cada hora.
Para quienes temen arruinar su maquillaje, los formatos en polvo o spray son los mejores aliados para mantener la barrera sin mover un solo gramo de base.
Es vital entender que el tipo de piel dicta el producto. Si tienes poros abiertos o tendencia grasa, no te sirve el mismo que usa alguien con piel seca; por eso es clave ir probando texturas hasta encontrar la que no te haga sudar ni te arda en los ojos al entrenar.
Recuerda que si ya tienes manchas o lesiones raras como lunares que cambian de color, la exposición al sol sin retoques constantes solo empeorará la situación. No importa si estás en un lugar frío o nublado; la altura influye y te puedes quemar igual o más que en la costa.
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¿Qué pasa con el bloqueador cuando entras a la piscina?
Cuando te lanzas al agua, el juego cambia por completo. Muchos bloqueadores y bronceadores no son resistentes al agua, lo que significa que en el momento en que te sumerges, quedas desprotegido.
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Si sientes que la piel te arde o se pone roja mientras nadas, es una señal de alerta de que el producto ya desapareció. Tras salir de la piscina o si has estado sudando mucho, es obligatorio repetir todo el proceso de aplicación.
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Un error común es pensar que por usar un bloqueador "genérico" o económico de supermercado estamos totalmente a salvo. Aunque la experta menciona que es mejor usar eso que nada, estos suelen ser más cosméticos y no siempre son ideales para pieles enfermas o muy sensibles.
De hecho, en el mercado existen productos que prometen protección al 100% o 120%, pero la realidad científica es que después del SPF 50, la diferencia en protección es casi nula.
Si después de tu día de piscina terminas insolado, olvida los remedios caseros abrasivos. Lo mejor es el aloe vera (sábila) frío, geles hidratantes o cremas humectantes. Evita a toda costa el limón o el bicarbonato, ya que pueden causar quemaduras graves.
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