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Terremoto en Bogotá: un día como hoy ocurrió el fenómeno que más destrucción ha causado

Este terremoto en Bogotá sigue siendo un recordatorio trascendental de que la naturaleza puede manifestar su poder destructivo en cualquier momento; pues en esa oportunidad dejó a varias personas muertas y sepultadas bajo escombros.

Bogotá
Bogotá
/Foto: Pixabay

En un recuerdo sombrío, Bogotá conmemora el aniversario número 106 de uno de los eventos más destructivos y aterradores de su historia: el devastador terremoto que sacudió la ciudad el 31 de agosto de 1917.

Este fatídico día dejó cicatrices indelebles en la memoria colectiva de los bogotanos y estableció un hito en el estudio de la actividad sísmica en Colombia.

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A pesar de que la capital nunca ha sido el epicentro de un terremoto, no está exenta de los efectos de los temblores que azotan otras áreas del país. Según los registros del Servicio Geológico Colombiano (SGC), en los últimos 379 años, Bogotá ha experimentado siete sismos de magnitud significativa que han dejado una huella visible en su tejido urbano y en la psicología de sus habitantes. Sin embargo, ninguno se compara con la magnitud de la tragedia que ocurrió el 31 de agosto de 1917.

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A las 6:36 a.m., ese fatídico día, un terremoto de magnitud 6.7 sacudió el Piedemonte Llanero, desencadenando un pánico generalizado en Bogotá. Aunque el epicentro no se encontraba en la ciudad, sus efectos fueron devastadores.

Más de 300 edificaciones sufrieron daños y alrededor de 40 fueron completamente destruidas. Entre las pérdidas más trágicas se encontraba la torre de la iglesia de Chapinero, cuyo colapso resultó en la muerte de múltiples personas.

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En el flanco oriental de la Cordillera Oriental, en la vereda Nazareth, el terremoto también desencadenó un gigantesco deslizamiento que sepultó viviendas, personas y animales. La magnitud de la tragedia era palpable. La torre de la iglesia de Lourdes colapsó, cobrando la vida de seis personas, mientras que otros perdieron la vida bajo escombros y esquirlas. La escala del caos fue tal que numerosos heridos, colapsos nerviosos y ataques al corazón fueron reportados debido al pánico generalizado.

El miedo arraigado en el corazón de la población era tan intenso que muchos bogotanos se vieron obligados a abandonar sus hogares por temor a los edificios que aún se tambaleaban. Parques y calles se convirtieron en refugios improvisados en medio de las réplicas continuas que seguían a la devastación inicial.

Este aniversario trae consigo una oportunidad para reflexionar sobre la fragilidad de la vida en una región propensa a la actividad sísmica. Además, recuerda la importancia de la preparación y la inversión en infraestructura resistente a los terremotos para salvaguardar a las generaciones futuras.

El terremoto del 31 de agosto de 1917 sigue siendo un recordatorio trascendental de que la naturaleza puede manifestar su poder destructivo en cualquier momento. A medida que Bogotá y Colombia continúan avanzando, es esencial que este evento trágico se mantenga en la memoria para que las lecciones del pasado sigan guiando el camino hacia un futuro más seguro y resistente.

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