Enrique Peñalosa por fin soltó toda la sopa sobre ese video que inundó las redes sociales donde se le ve pegando un salto tras recibir una descarga eléctrica.
El hombre, que se las da de aventurero y que dice que le gusta la montaña desde chiquito, terminó "cargado de energía" pero no de la forma que él esperaba.
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Todo el hechoi ocurrió en Engativá. Peñalosa andaba por allá cuando una señora, muy querida ella, le pidió el favor de que se tomaran una foto.
El problema fue que la señora estaba al otro lado de una reja de su conjunto residencial. Como todo un caballero, el exalcalde fue a recibirle el teléfono celular para cuadrar la imagen, pero la advertencia llegó tarde: había unos cables electrizados justo ahí en la estructura.
"Me electrocutaste, Peñalosa, me electrocutaste", le decían en son de recocha mientras recordaban el momento. El hombre confesó que, aunque el corrientazo pasó rápido, sí le dio su buen viaje y fue bastante doloroso.
Aquí puedes escuchar la parte de la entrevista:
Lo que más le causó curiosidad a la gente fue la reacción tan "educada" que tuvo en el video. Mientras cualquier otro hubiera soltado un madrazo de esos que se oyen hasta en la otra cuadra, Peñalosa solo atinó a decir: "¡Ay, ay, ay!".
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Este no es el primer "trote" que se pega el hombre. En la charla recordó que él ha sido un "camellador" desde joven.
Pille que el exalcalde no siempre estuvo de corbata; trabajó en la "rusa" (construcción) cargando bultos, lavó platos en restaurantes, limpió pisos en sitios de hamburguesas y hasta fue portero en un hotel en Francia para poder costearse sus vueltas.
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Incluso, a los 13 años, se puso de "artesano" y duró dos años armando su propio kayak de madera, al que bautizó "Elena Primera", con tornillos de bronce y pintura especial que compraba ahorrando de a cinco pesitos.
Como Peñalosa decía que ese golpe en Engativá lo dejó con las pilas puestas, los del programa no se aguantaron las ganas y sacaron una maquinita de electricidad, el famoso "test de la anguila".
El reto era meter el dedo en unos compartimientos mientras les hacían preguntas picantes de política.
El exalcalde, aunque se le veía el susto en la cara y hasta estaba sudando, no se arrugó y metió el dedo junto a los demás.
Mientras la máquina soltaba sus chispazos, le preguntaron de todo: desde si compraría votos (dijo que ni por el charrascas) hasta a quién pondría de ministro si llegara a mandar.
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En uno de esos turnos, la máquina le pegó un sacudón tan bravo que lo hizo saltar de la silla, mucho más fuerte que el que recibió en la calle.
"Esa vaina me cogió durísimo", admitió después de recuperarse del brinco.
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A pesar de los corrientazos, el hombre siguió firme hablando de sus planes, de cómo se conoce Bogotá como la palma de su mano y de sus épocas de aventurero caminando desde la Calera hasta Cumaral, durmiendo en el piso de colegios y pasando por páramos donde no se veía ni un alma.
Al final, entre risas y chispas, quedó claro que al hombre lo podrán criticar por muchas cosas, pero de que tiene "corriente" y aguante para los sustos, no hay duda alguna.
Mira la entrevista completa aquí: