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Amenaza nuclear y crisis climática sitúan a Reloj de Fin del Mundo en su punto más crítico

El Boletín de Científicos Atómicos sitúa las manecillas del Reloj del Juicio Final en su posición más peligrosa, impulsado por tensiones nucleares, el colapso climático y los riesgos de la IA.

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Reloj fin del mundo
Foto: Gemini

La humanidad nunca ha estado tan cerca de su propia destrucción. El Boletín de Científicos Atómicos anunció que el Reloj del Fin del Mundo (conocido globalmente como Doomsday Clock) se sitúa ahora a solo 85 segundos de la medianoche. Esta cifra marca un hito histórico y aterrador: es el momento de mayor proximidad al desastre desde que este indicador simbólico fuera creado en 1947, tras el inicio de la era nuclear.

El ajuste de las manecillas no es azaroso. La decisión ha sido tomada por la Junta de Ciencia y Seguridad del Boletín, en colaboración con su Junta de Patrocinadores, entre los que se encuentran ocho premios Nobel. El diagnóstico es claro: la combinación de la proliferación nuclear, la emergencia climática desatada, el mal uso de la biotecnología y la irrupción descontrolada de la Inteligencia Artificial (IA) han empujado al planeta hacia un escenario de vulnerabilidad extrema.

El informe de los expertos subraya un deterioro alarmante en la diplomacia internacional. Según indica el Boletín, la advertencia lanzada hace un año fue ignorada por las grandes potencias: "Hace un año advertimos que el mundo estaba peligrosamente cerca de un desastre global y que cualquier retraso en revertir el rumbo aumentaba la probabilidad de catástrofe. En lugar de prestar atención a esta advertencia, Rusia, China, EEUU y otros países importantes se han vuelto cada vez más agresivos, hostiles y nacionalistas".

Esta falta de cooperación está dinamitando los cimientos de la seguridad colectiva. "Los acuerdos globales, ganados con tanto esfuerzo, se están derrumbando, acelerando una competencia entre grandes potencias donde el ganador se lo lleva todo y socavando la cooperación internacional", añaden los científicos, alertando sobre la complacencia de las élites políticas. "Demasiados líderes se han vuelto complacientes e indiferentes, en muchos casos adoptando retórica y políticas que aceleran en lugar de mitigar estos riesgos existenciales".

La sombra de la guerra nuclear y la carrera armamentista

A pesar de ciertos destellos de esperanza al inicio del año pasado —marcados por los intentos del presidente de EE. UU., Donald Trump, de mediar en el conflicto entre Rusia y Ucrania—, la realidad geopolítica ha tomado un rumbo sombrío. Tres focos de tensión regional han escalado de forma preocupante:

  1. Rusia y Ucrania: El uso de tácticas militares desestabilizadoras y las constantes alusiones del Kremlin al uso de armamento atómico mantienen en vilo a Europa.
  2. India y Pakistán: El estallido de hostilidades en mayo con ataques transfronterizos mediante drones ha reactivado el temor a una escalada nuclear entre ambos vecinos.
  3. Irán e Israel: Los ataques aéreos conjuntos de EE. UU. e Israel contra instalaciones iraníes en junio han intensificado la fricción en Oriente Medio.

La declaración es tajante respecto a la modernización de los arsenales: "La competencia entre las principales potencias se ha convertido en una auténtica carrera armamentista, como lo demuestra el creciente número de ojivas y plataformas nucleares en China, y la modernización de los sistemas vectores nucleares en EEUU, Rusia y China". Además, existe la preocupante posibilidad de que Washington retome las pruebas nucleares explosivas, lo que rompería décadas de moratoria global.

Emergencia climática sin frenos

El factor ambiental es otro de los pilares que ha movido las manecillas hacia la medianoche. Los datos son demoledores: el nivel de CO2 atmosférico ha alcanzado el 150% de los niveles preindustriales. Tras un 2024 que se coronó como el año más cálido en 175 años, el 2025 ha seguido una tendencia similar, provocando un deshielo glacial acelerado y una subida histórica del nivel del mar.

El Boletín critica duramente la inacción política en los foros internacionales: "Ninguna de las tres cumbres climáticas más recientes de la ONU hizo hincapié en la eliminación gradual de los combustibles fósiles ni en el seguimiento de las emisiones de dióxido de carbono". Asimismo, los científicos lamentan que la administración Trump haya "declarado la guerra a las energías renovables y a las políticas climáticas sensatas", debilitando los esfuerzos globales por mitigar el calentamiento.

Los nuevos jinetes: Biotecnología e Inteligencia Artificial

Finalmente, el informe advierte sobre fronteras tecnológicas poco exploradas. En el ámbito de la biotecnología, preocupa la creación de "vida espejo" en laboratorios, una amenaza existencial que podría alterar todos los ecosistemas terrestres si estas células autorreplicantes lograran evadir los controles humanos.

A esto se suma la Inteligencia Artificial, que no solo facilita el diseño de nuevos patógenos, sino que actúa como un catalizador del caos informativo. "La revolución de la IA tiene el potencial de acelerar el caos y la disfunción existentes en el ecosistema de información mundial, impulsando las campañas de desinformación y socavando los debates públicos basados en hechos", concluyen los expertos.

Con el reloj marcando apenas 85 segundos para el fin, el mensaje es unánime: la ventana para actuar se está cerrando, y la tecnología, lejos de ser la solución, está siendo integrada en los aparatos de defensa de las grandes potencias, aumentando el riesgo de un error fatal para la especie humana.