¿Alguna vez has sentido que la mirada de alguien te hiela la sangre? Rafael Poveda ha vivido eso miles de veces en sus 40 años de carrera, pero hay una historia que dejó a todos boquiabiertos en El Klub de La Kalle.
Se trata de su encuentro con Juan Carlos Villa Cardona, un hombre que se encuentra en una cárcel de Caldas y que se hizo famoso por una particular y aterradora táctica: fingir que no podía hablar ni oír para acercarse a sus víctimas.
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Desde que Rafa puso un pie en el centro de reclusión, la tensión se sentía en el aire. El personal del centro penitenciario, que convive con estos personajes 24/7, le dio una advertencia que marcaría el tono de la entrevista.
"Rafa, no le sueltes las esposas": Esa fue la frase tajante de uno de los guardas. El sujeto, a pesar de ser bajito, era experto en artes marciales y tenía un cuerpo diseñado para el combate. "Rafa, no le sueltes las esposas que ese man es tenaz", le advirtieron.
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Al verlo sentado, Poveda no se dejó intimidar por el ambiente pesado ni por el historial del personaje que tenía enfrente. Fiel a su estilo, lo saludó con una familiaridad que rompió el hielo: "Juanca, venga huevón, venga, venga hablamos, venga hermano".
Lo más impresionante del relato es cómo este hombre logró engañar a tantas personas. Poveda, con la curiosidad de un detective, le pidió que le mostrara cómo hacía su acto.
"¿Y tú cómo hacías? No, yo me hacía pasar por sordomudo. ¿En serio? ¿Y cómo hacías? Y el man comienza a hacérmelo de sordomudo". La actuación era tan legítima que resultaba perturbadora. Sin embargo, detrás de esa máscara de frialdad y cinismo, Rafa sabía que había una grieta emocional que podía explotar.
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La técnica de Poveda es sencilla pero letal para quienes quieren ocultar sus sentimientos: escuchar y preguntar poco. "Mi mejor técnica para entrevistar es escuchar, dejar hablar".
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Con preguntas cortas y conectoras como "¿Y qué sentiste hermano?", el periodista fue llevando al sujeto al límite de su propia realidad. A pesar de que el hombre se reía de sus actos y mostraba un descaro absoluto, Poveda logró lo impensable: lo hizo llorar.
"Lo puse a llorar dos veces porque yo sabía que tenía que hacerlo", confesó Rafael en La Kalle. No fue a punta de ataques, sino de identificar la humanidad (o lo que queda de ella) en el personaje.
Poveda explica que, aunque esté frente a alguien con un historial oscuro, su trabajo no es juzgar. "Yo no soy ni Dios ni juez, hermano, yo no te voy a juzgar".
Al final, lo que buscaba era que el público viera más allá del "monstruo" y entendiera la psicología de alguien que desde los 10 años ya mostraba signos de una violencia desmedida. Un encuentro que, sin duda, demuestra por qué Rafa sigue siendo el rey de las entrevistas en lugares donde pocos se atreven a entrar.
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