Viajar con tu mejor amigo de cuatro patas es una de las experiencias más gratificantes, pero en México, específicamente al circular por las calles de la Ciudad de México, existen reglas claras que debes seguir si no quieres que tu paseo termine con una sanción económica.
El entusiasmo de ver a tu perrito asomado por la ventana o, peor aún, sentado en tu regazo mientras conduces, es algo que el Reglamento de Tránsito capitalino vigila de cerca.
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No se trata de prohibir que tu mascota te acompañe, sino de asegurar que tanto tú como el resto de los conductores estén a salvo durante el trayecto.
El punto clave se encuentra en el Artículo 38 del Reglamento de Tránsito de la CDMX. Este apartado es muy específico: prohíbe terminantemente que la persona que va al volante sostenga, cargue o coloque animales entre sus brazos y piernas.
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La lógica detrás de esto no es solo un capricho administrativo; la autoridad considera que llevar a un perro en esa posición limita drásticamente la capacidad de movimiento del conductor y, además, obstruye la visibilidad necesaria hacia el camino.
Un pequeño movimiento inesperado de tu mascota podría impedirte maniobrar correctamente en una situación de emergencia.
Si te atrapan ignorando esta norma, el impacto a tu cartera será real. La multa está estipulada entre 10 y 20 veces la Unidad de Medida y Actualización (UMA). En términos prácticos para este 2026, esto se traduce en un pago que oscila entre los 1,173 y los 2,346 pesos aproximadamente.
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Pero el castigo no termina ahí; también se te restarán tres puntos a tu licencia de conducir y un punto a la matrícula vehicular, lo que podría complicar tus trámites futuros.
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¿Por qué un perro no debe andar suelto en el carro?
Un animal sin control dentro del habitáculo es un distractor constante. Imagina que tu perro decide saltar repentinamente hacia la palanca de velocidades, empujar el volante por la emoción o incluso cruzarse frente al tablero, bloqueando tu vista por completo.
Cada una de estas acciones reduce tu margen de reacción ante un frenado repentino y puede ser el detonante de un percance vial que ponga en riesgo la integridad de todos.
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Afortunadamente, existen formas sencillas y cómodas de cumplir con la ley y mantener a tu perro feliz. Lo primero es pensar en la limpieza y el mantenimiento de tu vehículo; usar protecciones para los asientos evitará que el pelo o la suciedad dañen las vestiduras.
Una vez protegido el coche, lo ideal es utilizar una pechera o arnés especial para perros que se sujete directamente al cinturón de seguridad o al reposacabezas del asiento trasero. Esto mantendrá a tu mascota firme y segura, evitando que ande de un lado a otro y protegiéndola en caso de una frenada brusca.
Para quienes tienen perros de tamaño pequeño, las transportadoras son una excelente misión de seguridad, siempre y cuando estén bien fijadas en el suelo o en los asientos traseros.
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Si tu mascota es grande, una opción viable es llevarla en el maletero utilizando rejillas divisorias que impidan su paso hacia el área del conductor.