La mañana de este viernes 13 de febrero de 2026 no comenzó con el habitual sonido de las alarmas para muchos colombianos, sino con un vaivén inesperado que llegó desde las entrañas de la tierra.
Justo a las 06:40 hora local, un movimiento telúrico se encargó de espabilar a quienes aún conciliaban el sueño en gran parte del occidente y el centro del país.
El reporte oficial del Servicio Geológico Colombiano (SGC) no tardó en aparecer: un sismo de magnitud 4.7 tuvo su origen en el departamento del Chocó, específicamente a unos escasos 17 kilómetros de la cabecera municipal de San José del Palmar.
Lo curioso de este evento, y lo que explica que tantas personas en lugares tan distantes se hayan volcado a las redes sociales a reportarlo, radica en un dato técnico fundamental: la profundidad.
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El sismo se registró a 105 kilómetros bajo la superficie, lo que los expertos catalogan como una profundidad intermedia. Aquí es donde la física de la tierra hace su magia.
Cuando un temblor ocurre a más de 70 kilómetros de profundidad, la energía no se queda concentrada en un solo punto con una fuerza destructiva devastadora, sino que decide viajar.
Las ondas sísmicas se disipan de tal manera que logran ampliar su radio de alcance, permitiendo que el movimiento sea percibido en una geografía mucho más vasta, aunque con una intensidad menor en el epicentro inmediato.
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Por esta razón, aunque el corazón del sismo estaba en la selva chocoana, el "sacudón" se paseó con fuerza por las calles de Pereira, Manizales y Armenia.
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En el Eje Cafetero, los ciudadanos reportaron una vibración clara que movió lámparas y despertó curiosidad.
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Pero el viaje de las ondas no se detuvo allí. Hacia el norte, en Medellín y el suroeste de Antioquia, el reporte fue de un movimiento leve pero perceptible.
Lo mismo ocurrió en el Valle del Cauca, donde los caleños y los habitantes de los municipios del norte del departamento sintieron el paso de la energía sísmica. Incluso en Ibagué y algunas zonas del Huila, la tierra dio señales de su actividad matutina.
Afortunadamente, tras el susto inicial y el monitoreo constante de las autoridades de gestión del riesgo, el balance es de tranquilidad.
Hasta el momento, no se han reportado daños materiales de consideración ni afectaciones a la integridad de las personas en las regiones mencionadas.