Sofía Petro ha decidido poner fin a las especulaciones sobre su día a día. A través de una actualización personal, dejó claro que su realidad está muy alejada de lo que muchos imaginan al ver sus videos en redes sociales.
Para quienes pensaban que su tiempo se dividía únicamente entre el canto y el ocio, la joven reveló que sostiene una rutina bastante exigente que comienza con un horario de oficina tradicional.
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Actualmente, se desempeña en un museo, donde cumple una jornada estricta de 9 de la mañana a 6 de la tarde.
Aunque prefiere mantener en reserva el nombre y la ubicación exacta de la institución por motivos de seguridad y privacidad, enfatizó que este empleo es su actividad principal y la fuente de un cansancio que muchos de sus seguidores no perciben tras la pantalla.
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Sin embargo, su labor en el museo no es lo único que ocupa su agenda. Sofía se define como una joven en pleno proceso de independencia, lo que la lleva a buscar constantemente fuentes de ingresos adicionales.
Entre estas actividades extra, destaca su participación en ferias de libros, donde trabaja vendiendo textos para complementar su economía personal.
Esta faceta de vendedora muestra un lado mucho más terrenal y proactivo de su carácter, enfocado en costear su propio estilo de vida sin depender totalmente de su entorno familiar.
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A la par de sus responsabilidades remuneradas, la hija del presidente dedica una parte significativa de su semana a la acción social.
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Todos los jueves por la mañana, Sofía asiste a una lavandería social. En este espacio, presta su tiempo para ayudar a personas que viven en situación de calle, gestionando el aseo de sus prendas.
Esta labor voluntaria se suma a un ritmo de vida que ella misma describe como acelerado, especialmente porque no ha dejado de lado su formación académica. "Estoy estudiando mucho", confesó, admitiendo que compaginar los libros con el trabajo de tiempo completo es un reto constante.
En cuanto a su futuro profesional, Sofía navega por la incertidumbre propia de los veinte años. Aunque actualmente está inmersa en el mundo cultural y social, ha manifestado que en algún momento le gustaría explorar la docencia.
La idea de convertirse en profesora ronda por su cabeza, aunque admite con total sinceridad que todavía está descubriendo qué camino tomar. "No sé nada", bromeó respecto a la crisis existencial que atraviesa en esta etapa de su vida, una sensación que comparte con muchos jóvenes de su generación.
Su vida personal también ha experimentado cambios drásticos. Lejos de vivir en una burbuja, Sofía reside en una casa compartida con otras seis personas. Describe este ambiente como armonioso y lleno de gente "maravillosa".
Uno de los detalles más curiosos de su hogar es el jardín, del cual recolecta maracuyás que caen naturalmente para prepararse jugo fresco.
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No obstante, alcanzar esta estabilidad no fue sencillo: el año pasado tuvo que mudarse tres veces, un proceso agotador que la llevó a desarrollar un gusto particular por la decoración y el arreglo de espacios.
Finalmente, el arte sigue siendo una brújula en su vida. A pesar de la fatiga que le produce su jornada en el museo y sus otros compromisos, tiene la firme intención de profundizar en la música.
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Su meta actual no es solo cantar, sino aprender a componer canciones de manera profesional.
Aunque reconoce que este último año ha sido una "montaña rusa emocional" muy compleja, sigue firme en su propósito de construir una vida propia, descubriendo en el camino que crecer y empezar de nuevo es un proceso que se vuelve más desafiante con el tiempo.