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Ella es Delcy Rodríguez, mujer que asumió el mando de Venezuela, ¿herencia del 'chavismo'?

Tras la histórica captura de Nicolás Maduro, la vicepresidenta asume las riendas de una nación en ruinas, enfrentando la presión de Donald Trump.

Ella es Delcy Rodríguez, mujer que asumió el mando de Venezuela, ¿herencia del 'chavismo'?
Ella es Delcy Rodríguez, mujer que asumió el mando de Venezuela
Foto: Redes sociales de Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez

Tras la captura del exdictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por parte de fuerzas especiales estadounidenses, la estructura del poder chavista se ha visto obligada a reorganizarse a contrarreloj.

En el centro de este huracán se encuentra Delcy Rodríguez, una abogada de 56 años que ha pasado de ser la mano derecha del mandatario depuesto a convertirse en la presidenta interina del país, bajo la atenta y amenazante mirada de la comunidad internacional.

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El ascenso de Rodríguez no fue producto del azar, sino de una maniobra jurídica orquestada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que dictaminó la "ausencia forzosa" de Maduro para habilitar su juramentación.

Con el respaldo del alto mando militar, encabezado por el ministro Vladimir Padrino López, la nueva jefa de Estado asume el mando con la promesa de preservar el orden constitucional, aunque su legitimidad navega en aguas turbulentas.

¿Quién es Delcy Rodríguez, colaboradora de Nicolás Maduro?

Hija del dirigente marxista Jorge Antonio Rodríguez, cuya muerte bajo custodia policial en 1976 marcó profundamente su visión política, Delcy Rodríguez ha descrito la Revolución Bolivariana como una suerte de "venganza personal" constructiva.

Formada en derecho laboral en Francia y el Reino Unido, su carrera ascendente comenzó bajo el ala de Hugo Chávez, pero se consolidó con Maduro, ocupando carteras estratégicas como Comunicación, Relaciones Exteriores y Economía.

A diferencia de otros perfiles más ideológicos dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Rodríguez es percibida como una figura pragmática, capaz de dialogar con sectores empresariales e inversores extranjeros, a pesar de las sanciones que pesan sobre ella por parte de Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá.

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Esta dualidad es la que ha llevado a la administración de Donald Trump a considerarla, al menos por ahora, como una interlocutora válida para una transición ordenada.

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Sin embargo, el reconocimiento de Washington no es un cheque en blanco. Trump ha sido tajante al declarar que Rodríguez deberá cumplir con las exigencias de Estados Unidos si quiere evitar "una segunda ola de ataques" o pagar un precio "mayor que el de Maduro".

Mientras tanto, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha señalado que, a diferencia del exdictador, Rodríguez es alguien con quien se podría trabajar, siempre que tome las "decisiones adecuadas" para la normalización del país.

El panorama interno que enfrenta la presidenta interina es desolador. Con una economía que se ha contraído un 80% desde 2013 y una crisis humanitaria que ha desplazado a más de ocho millones de personas, el margen de error es inexistente.

Además, aunque cuenta con el apoyo público del Ejército, su autoridad no es absoluta dentro de las facciones del chavismo, y deberá demostrar una habilidad excepcional para mantener la cohesión interna mientras negocia con sus históricos adversarios en el norte.

Un punto llamativo en esta nueva etapa es el desplazamiento de la oposición tradicional. A pesar de haber recibido el Premio Nobel de la Paz y de sus intentos por acercarse a Trump, María Corina Machado parece haber sido relegada por la Casa Blanca, que ha preferido negociar directamente con quien ostenta los resortes reales del Estado venezolano.

En sus primeras intervenciones, Rodríguez ha mantenido un tono oscilante: desde la denuncia del "secuestro" de Maduro hasta invitaciones conciliadoras a trabajar en una "agenda de cooperación" con Estados Unidos.

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