Si crees que lo has visto todo en el mundo de las entrevistas judiciales, prepárate porque lo que Rafael Poveda contó en El Klub de La Kalle te va a dejar frío.
Poveda, con sus 40 años de carrera y más de 10,000 entrevistas encima, vivió un momento que parece sacado de una película de ficción.
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Resulta que existe un sujeto al que apodan 'el ratón', un hombre que no solo seguía los pasos del llamado 'monstruo de Génova', sino que buscaba imitarlo en cada detalle.
Lo más impactante no es la imitación en sí, sino la reacción del protagonista. Poveda logró algo que nadie más había hecho: sentarlos a los dos juntos frente a la cámara.
En ese ambiente cargado de tensión y calor, la dinámica que surgió fue de locos. El periodista relató que "Garavito se sentía como el... estrato seis" frente a su pupilo. No era una charla entre dos detenidos comunes; era una relación de profesor y alumno donde el veterano corregía hasta la postura del novato.
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Durante la grabación, Poveda observó cómo el hombre mayor tomaba el control de la situación de una manera casi elegante pero perturbadora. Citando textualmente lo que sucedía, el periodista recordó que este le decía a su seguidor: "Ratón siéntese bien".
Así es, tú que lees esto, el hombre estaba dándole lecciones de etiqueta carcelaria y comportamiento frente a los medios a su propio imitador.
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Según Rafael, este comportamiento nacía de un ego alimentado por el reconocimiento externo, pues al preguntarle sobre sus seguidores, el detenido no pudo ocultar su vanidad.
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"Se le veía lo orgulloso" al saber que tenía personas que le escribían desde lugares como Carolina del Norte o España.
Poveda, quien ha pasado más de 60 horas grabando con este personaje, explicó que frente a las luces y los micrófonos, la personalidad del hombre se transformaba por completo.
Fuera de cámara podía parecer un anciano enfermo, pero apenas se encendía el equipo, sacaba a relucir una fachada de superioridad. Al cuestionarlo directamente sobre por qué alguien querría imitar a alguien con su historial, el sujeto cambiaba el tono para la audiencia, preguntando con cinismo:
"¿Cómo alguien puede querer ser como yo? ¿Cómo alguien me puede admirar a mí?". Sin duda, un giro que demuestra que, incluso tras las rejas, el deseo de protagonismo nunca se apagó.
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