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Polémica por pasaporte colombiano que persigue a Gustavo Petro: "Parecen cuadernos"

Tras el cambio de modelo liderado por la Imprenta Nacional, ciudadanos reportan que sus nuevos pasaportes presentan desgastes y costuras deficientes a los pocos días de uso.

Polémica por pasaporte colombiano que persigue a Gustavo Petro: "Parecen cuadernos"

Apenas han pasado unas semanas desde que el Gobierno de Gustavo Petro lanzó el nuevo sistema de expedición de los nuevos pasaportes en Colombia, y las redes sociales ya están encendidas con testimonios de personas que aseguran que la calidad de las libretas deja mucho que desear.

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Lo que debería ser un símbolo de seguridad y orgullo nacional, ahora es comparado por algunos usuarios con “cuadernos de segunda” debido a su aparente fragilidad.

Desde el pasado 1 de abril de 2026, la Imprenta Nacional de Colombia tomó las riendas de la personalización de estos documentos, alejándose del modelo anterior que estuvo en manos privadas por casi dos décadas.

Sin embargo, la transición hacia este esquema, defendido por el mandatario como un paso hacia la “soberanía tecnológica”, ha tenido un comienzo bastante accidentado.

En plataformas digitales circulan videos y fotografías que muestran costuras que parecen soltarse con solo mirarlas y pegados de hojas que no convencen ni al viajero más distraído.

Uno de los casos que más ruido ha generado es el de un pasaporte diplomático que, a pesar de ser totalmente nuevo, ya muestra desgastes visibles en su estructura interna y deformaciones en la cubierta.

Esta situación ha llevado a que opositores y ciudadanos del común se pregunten si el cambio realmente fue para mejor.

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La percepción de una calidad inferior se ha vuelto un tema de conversación obligado, especialmente cuando se compara con las versiones anteriores que incluían componentes de policarbonato que algunos usuarios aseguran han sido reemplazados en este nuevo tiraje.

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La polémica no solo se queda en la superficie física del documento. El trasfondo económico y logístico también está bajo la lupa. El contrato con la Casa de la Moneda de Portugal y la empresa francesa IN Groupe tiene un valor aproximado de 1,3 billones de pesos colombianos.

A pesar de esta millonaria inversión, la Procuraduría General ya había levantado alertas sobre posibles inconsistencias, sugiriendo que gran parte de la producción podría estarse realizando en Francia y no bajo el esquema binacional prometido originalmente.

Mientras el presidente Petro asegura que el proceso cuenta con “las máquinas más modernas del mundo” y cumple con todas las pólizas y requisitos legales, en ciudades como Pasto ya se reciben reportes de inconformidad por parte de los primeros beneficiarios.

Los ciudadanos señalan que el deterioro prematuro es evidente y que no parece un documento diseñado para durar los diez años de vigencia que se prometen.

Por su parte, la Cancillería ha intentado calmar las aguas destacando que las nuevas libretas cumplen con los estándares internacionales de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).

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Según la entidad, los documentos cuentan con tecnología de punta como chips electrónicos, microtextos y sistemas de lectura encriptada.

No obstante, el silencio institucional ante las denuncias específicas de desprendimiento de hojas y fallas en el cosido sigue alimentando la desconfianza de quienes temen que su pasaporte se desarme en pleno control migratorio.

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En este escenario, el debate sobre si fue una buena idea cambiar de proveedor sigue abierto. Lo que es claro es que, más allá de la soberanía o la tecnología, el colombiano de a pie lo que busca es un pasaporte resistente que soporte el trajín de los viajes.

Por ahora, el nuevo modelo sigue sumando críticas mientras los usuarios esperan una solución real a los defectos de fabricación que hoy los tienen comparando su documento de viaje con una libreta escolar de bajo costo.