El aumento del salario mínimo para 2026 no solo impactó a los trabajadores que celebraron el ajuste, sino que también encendió alertas entre miles de empresas en el país. El nuevo monto, fijado en dos millones de pesos mensuales incluyendo el auxilio de transporte, plantea un reto especialmente para pequeños y medianos empleadores que operan con márgenes ajustados.
Aunque el incremento busca proteger el poder adquisitivo de los hogares, la discusión se ha trasladado rápidamente a otro escenario: qué sucede cuando una empresa, por razones financieras, no logra asumir ese costo de forma sostenible. El debate no es menor, ya que involucra empleo formal, estabilidad laboral y la estructura misma del mercado de trabajo.
Desde el primero de enero, el salario mínimo se convirtió en una obligación legal ineludible. Ningún empleador puede pagar por debajo de esa cifra a un trabajador con contrato formal. Sin embargo, la preocupación surge cuando los ingresos del negocio no crecen al mismo ritmo que los costos laborales.
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Qué puede pasar cuando una empresa no logra asumir el salario mínimo
Para entender este escenario, el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo explicó que el riesgo no está solo en el cierre de empresas, sino en las decisiones que pueden tomarse para sobrevivir financieramente. Según el economista, cuando una compañía no logra cubrir el salario mínimo, suele buscar salidas que afectan directamente al trabajador.
“Las empresas que no puedan pagar el salario mínimo lo que van a hacer es que desvinculan a los trabajadores y luego los contratan informalmente para pagarles menos”.
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Este tipo de prácticas, aunque ilegales, terminan apareciendo en contextos de presión económica. El problema no se limita a la pérdida del empleo formal, sino a las consecuencias que eso trae en términos de seguridad social, estabilidad y derechos laborales.
Restrepo advierte que el impacto va más allá de un despido puntual. “Eso precariza el empleo y el trabajo para muchas personas en el país”. La informalidad implica ausencia de cotizaciones a salud y pensión, inestabilidad en los ingresos y mayor vulnerabilidad para los trabajadores y sus familias.
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El exministro también señaló que el aumento del salario mínimo puede tener efectos indirectos en otros sectores de la economía, aunque aclaró que no todos los precios reaccionan de la misma manera. En el caso de los combustibles, por ejemplo, explicó: “Por principio general, los combustibles tienen un mecanismo de regulación de precio. En principio deberían estar relativamente controlados, yo creo que ahí del todo no necesariamente habría un impacto”.
Así, el verdadero desafío está en encontrar un equilibrio entre proteger el ingreso de los trabajadores y evitar que el aumento se traduzca en más informalidad o pérdida de empleo. Mientras el debate continúa, expertos coinciden en que el seguimiento a las empresas más vulnerables será clave para medir los efectos reales del nuevo salario mínimo en 2026.