La tarde del sábado 10 de enero de 2026, el destino se ensañó con la música regional colombiana cuando la avioneta Piper Navajo PA-31, de matrícula N325FA, se precipitó a tierra en la vereda Romitas, en el departamento de Boyacá.
Entre las seis víctimas fatales se encontraba Yeison Jiménez, quien a sus 34 años se consolidaba como un gigante del género. Sin embargo, una de las reacciones más impactantes y humanas ante esta pérdida fue la de su colega y antiguo rival mediático, Luis Alberto Posada.
Con la voz entrecortada y visiblemente afectado por una noticia que lo despertó de forma "infartante", Posada utilizó sus redes sociales para enviar un mensaje de reconciliación póstuma.
Entre sollozos, el intérprete de "El precio de tu error" dejó claro que las rencillas del pasado palidecen ante la magnitud de la tragedia: “Esto no es una risa para nadie; ¿quién se va a reír de un dolor de estos, de los hijitos, de la esposita?”.
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Luis Alberto Posada despide entre lágrimas a Yeison Jiménez y confiesa que, pese a todo, lo amaba. "Esto no es una risa para nadie", dijo. pic.twitter.com/C7iAMFUtf2
— Agencia de Periodismo Investigativo (@Agencia_API) January 11, 2026
¿Qué pasó entre Luis Alberto Posada y Yeison Jiménez?
Para comprender el peso de las lágrimas de Posada, es necesario retroceder al primer semestre de 2024, cuando ambos artistas protagonizaron una de las polémicas más sonadas de la farándula nacional.
El conflicto estalló tras un concierto en el municipio de Mosquera, Cundinamarca, donde una falla técnica en el sonido impidió que Posada terminara su presentación.
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En su momento, el entorno del veterano cantante calificó el incidente como un "sabotaje" y señaló directamente al equipo de Jiménez.
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La disputa escaló cuando Posada, en declaraciones públicas, le exigió al joven caldense que debía “respetar la jerarquía”, una frase que generó un intenso debate sobre el relevo generacional en la música popular.
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Por su parte, Jiménez siempre negó las acusaciones, asegurando que él se encontraba en otra tarima y reiterando su admiración por Posada, a quien llamaba “maestro”.
Hoy, ese ambiente de tensión ha sido reemplazado por un luto absoluto. Posada fue enfático al aclarar que sus roces eran estrictamente profesionales: “Teníamos unas diferencias pero legales, pero no para desear la muerte de un ser humano.
No lo quería para él ni para nadie”. En un acto de honestidad brutal, el artista mayor confesó: “A pesar de que teníamos diferencias, dentro de mí yo lo quería y lo quiero… en el fondo yo lo amaba y lo amo”.
La tragedia, que también cobró la vida de colaboradores cercanos de Jiménez como Jefferson Osorio y Óscar Marín, ha unido a la industria en un solo clamor.
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