La música regional colombiana se encuentra de luto tras la partida prematura de Yeison Jiménez, el artista que logró transformar el dolor en un himno de superación.
El pasado sábado 10 de enero de 2026, un accidente de avioneta en Paipa, Boyacá, silenció la voz de "El Aventurero", dejando un vacío incalculable en sus seguidores, quienes este miércoles 14 le rinden un último homenaje en el Movistar Arena de Bogotá.
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Sin embargo, detrás del cantante que facturaba más de 100 millones de pesos por show, existía un hombre cuya verdadera felicidad no estaba en las luces, sino en el barro de sus fincas y el rugir de sus tractores.
Para entender la magnitud del patrimonio y los gustos de Jiménez, es necesario viajar a su infancia en Manzanares, Caldas. Nacido en un entorno donde, según sus propias palabras, había "30 cantinas y una iglesia", Yeison creció con una determinación feroz: no morir pobre.
Esa "rabia" interna lo llevó de recoger chatarra a los 12 años a trabajar seis años cargando bultos de aguacate en Corabastos, la central de abastos más grande del país.
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Fue allí donde el miedo a verse reflejado en la vejez precaria de sus compañeros lo impulsó a ahorrar cada peso para grabar sus primeras canciones, incluso si eso significaba cambiarse de ropa a la orilla de una carretera para no pagar un hotel.
Una vez alcanzada la cima, Jiménez no buscó lujos convencionales. Sus verdaderos "juguetes" eran de hierro y acero.
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En una de sus entrevistas más reveladoras, confesó que sentía una fascinación casi obsesiva por la maquinaria pesada.
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"Soy feliz viendo un hangar lleno de maquinaria y de jugueterías para arreglar fincas ganaderas", afirmaba, refiriéndose a sus tractores y retroexcavadoras como las piezas de una colección que le permitía moldear la tierra a su antojo.
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¿Cuánto cuesta el caballo de Yeison Jiménez?
No obstante, su pasión más célebre fue el mundo equino. En su Criadero La Cumbre YJ, ubicado en la zona rural de Fusagasugá, el artista albergaba más de 28 ejemplares, principalmente de la raza Paso Fino Colombiano.
Entre ellos destacaba Seductor de Milagros, un imponente semental color chocolate por el que llegaron a ofrecerle la asombrosa cifra de 800.000 dólares (más de 2.800 millones de pesos). El valor de este caballo era tal que una sola de sus "pajillas" para cruces genéticos se comercializaba en cerca de 1.800.000 pesos.
A pesar de estas cifras astronómicas, Yeison mantenía una conexión con otros animales. Podía pasar horas viendo videos de sus gallinas ponedoras, asegurándose de que recibieran el mejor concentrado.
"Es una mierda loquísima en el cerebro", decía sobre la alegría que le producía saber cuántos huevos ponían sus aves cada tres días.
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Para él, el campo no era solo un negocio, sino el lugar donde dejaba de ser la estrella para volver a ser el niño que, a los ocho años, se sentaba en un parque a hojear revistas de caballos que no podía comprar.
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