En las últimas horas, la capital colombiana se vio sacudida por un reporte que parece sacado de una pesadilla urbana. Según información que ha comenzado a circular con fuerza a través de diversas plataformas digitales, se habría descubierto una presunta fosa común de perros ubicada en las inmediaciones de la Calle Sexta con Carrera 30.
Aunque hasta el momento las autoridades no han emitido un comunicado oficial que confirme la magnitud de estos hechos, el material visual y los testimonios preliminares han generado una ola de indignación y zozobra entre los habitantes de la ciudad.
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Las imágenes que acompañan estas denuncias son delicadas. En los registros que circulan en redes, se logra evidenciar lo que parecen ser centenares de cráneos de diferentes tamaños, los cuales presuntamente pertenecen a caninos que habrían tenido un final trágico.
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Además, algunas fotografías muestran como las personas sacan en mantas lo que serían los cuerpos de los animales, una escena que ha reforzado las versiones sobre el destino de estos seres sintientes en los bajos de los puentes y zonas deprimidas de la ciudad.
Según los reportes ciudadanos, este hallazgo no sería un hecho aislado, sino la consecuencia de una problemática estructural que Bogotá no ha logrado mitigar.
Se señala directamente al Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) como una entidad presuntamente omisiva en sus funciones de defensa y protección de los animales, lo que habría permitido que situaciones de esta gravedad ocurran en pleno espacio público.
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La denuncia no solo se limita a la Calle Sexta. Existe un temor creciente de que esta situación se esté replicando en otros sectores estratégicos.
Se menciona que en puentes como los de la Autopista Sur con Villavicencio y el sector del Bicentenario, la presencia de numerosos perros en manos de habitantes de calle podría estar vinculada a fines similares, lo que ha llevado a la ciudadanía a pedir una difusión masiva para alertar a los dueños de mascotas perdidas o robadas.
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La consternación es total al pensar cuántos animales que alguna vez tuvieron un hogar pudieron haber terminado en estas condiciones.
Por un lado, un sector de la población manifiesta una profunda empatía hacia los habitantes de calle, argumentando que este fenómeno es el síntoma de una "habitabilidad en calle desbordada" y una falta de voluntad estatal para atender las raíces de la pobreza extrema.
Para estos usuarios, el problema no reside únicamente en el maltrato animal, sino en la ausencia de políticas públicas que rescaten tanto a humanos como a animales de la miseria absoluta.
Por otro lado, defensores de los derechos de los animales y ciudadanos del común han reaccionado con dureza, exigiendo justicia por lo que consideran un acto de barbarie.
En estos comentarios predomina la defensa de los "peluditos" y una condena rotunda hacia quienes presuntamente habrían participado en el presunto sacrificio o consumo de estos animales, basándose en versiones de algunos recicladores de la zona que sugieren que los caninos eran utilizados como fuente de alimento.