El sábado 10 de enero de 2026, la música popular perdió a Yeison Jiménez, uno de los exponentes más brillantes, cuando la avioneta Piper Navajo PA-31, de matrícula N325FA, se precipitó a tierra en la vereda Romitas, Boyacá.
Sin embargo, el luto nacional ha venido acompañado de una atmósfera de misterio. Miles de fanáticos aseguran que Yeison Jiménez no solo presentía su final, sino que en sus últimas apariciones y publicaciones digitales estaba trazando el camino de su propio adiós.
Una de las coincidencias más dolorosas para sus seguidores radica en una promesa que el artista repetía con frecuencia. Jiménez, quien cumpliría 35 años este próximo 26 de julio, había manifestado en múltiples entrevistas su intención de retirarse de los escenarios mundanos al alcanzar esa edad.
"Yo pienso darle por ahí hasta los 35, si Dios me presta la vida", había asegurado en una charla con la presentadora Laura Acuña, revelando que su plan era dedicar sus últimos años a la música sacra.
Este anuncio de "ausencia" se hizo más concreto durante su último gran concierto en Cali, en diciembre de 2025.
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Allí, ante miles de personas, Yeison Jiménez advirtió que en 2026 estaría "un poquito ausente" porque se había prometido descansar tras 20 años de trasnochos ininterrumpidos, una labor que inició desde los 13 años cuando aún era un joven cargador de bultos en las plazas de mercado.
Hoy, esas palabras resuenan en las redes sociales como un aviso de que el artista estaba cerrando su ciclo vital.
Horas antes de que la aeronave perdiera el control tras despegar de Paipa, Jiménez publicó un video que muchos consideran su testamento espiritual. En sus historias de Instagram, se le veía interpretando la canción ‘Ni tengo ni necesito’, acompañada de un texto contundente:
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“Siempre humilde porque lo que Dios da, también lo puede quitar”. Para cerrar su interacción con el mundo, escribió una frase que ha generado miles de interpretaciones: “Recuerden… si la carreta suena es porque va vacía”.
Este mensaje de humildad no era gratuito. Jiménez siempre tuvo presente su origen humilde en Corabastos y la humillación que sufrió de niño cuando, al no tener qué comer, un compañero le negó un trozo de comida diciéndole que no era culpable de la pobreza en el país.
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Esa consciencia de la fragilidad de la vida parecía estar agudizada por un temor latente: el artista confesó haber soñado en tres ocasiones diferentes que moría en un accidente de avión, una pesadilla que lo acompañaba meses antes del siniestro.
Su último contacto directo con el público fue en Málaga, Santander, la noche del viernes 9 de enero. Testigos aseguran que se le vio especialmente cercano a la gente, bajando del escenario para cantar con ellos, como si quisiera llevarse consigo el calor de su pueblo por última vez.
Al día siguiente, tras compartir una comida típica boyacense con su equipo, abordó el vuelo que se apagaría entre las llamas de un potrero.
Mientras el Instituto de Medicina Legal traslada sus restos a Bogotá para la identificación plena, el legado de Yeison Jiménez queda suspendido entre sus éxitos musicales y la extraña lucidez con la que habló de su partida.
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